En Cartas de nuestro Obispo

Aunque el ángel se sentía inseguro e inexperto se ofreció para bajar a la tierra. La misión que le encomendaron fue combatir la soledad.

Era la primera vez que escuchaba tal palabra ¿Sería algo bueno o malo? ¿Una persona o un lugar? Lamentó no haberse quedado más tiempo en el cielo para averiguarlo.

Todavía desorientado y desconcertado decidió observar discretamente a las personas. Enseguida adivinó que no eran muy felices. No acababa de saber si la soledad de la que tanto hablaban era una carencia o un sentimiento. No acertaba a entender cómo la gente pudiera sentirse sola aun estando con alguien y en cambio otras que no tenían a nadie se sintieran tan acompañadas y fecundas.

¿Dónde se alojaba la soledad de tanta gente? ¿En su ámbito de trabajo, en su barrio, en su ciudad, en su pueblo, en su familia, en su propio hogar, en su mente, en su corazón…? A fuerza de escucharles adivinó que la verdadera soledad se alojaba en el fondo de su alma.

Su dilema era ¿cómo erradicarla? Enseguida tuvo una feliz ocurrencia. Compartir el sueño de Dios en cada persona, susurrándoles al oído: ¡El Señor quiere nacer en tu corazón! ¿Te atreves?

Cuando regresó al cielo todos lo aclamaban porque había logrado la felicidad que unos y otros anhelaban. Sólo un corazón habitado por Dios puede llenar y dar sentido a tu vida y también a la vida de los demás. La gratuidad, la compañía, la ternura con los más desfavorecidos, el servicio desinteresado a las personas de tu entorno, la relación con los demás… siguen siendo el mejor antídoto contra la soledad.

¡Cómo me gustaría al comenzar el adviento, tiempo de esperanza y de alegría contenida, que cada uno de los hijos del Alto Aragón engendrase a Dios en sus entrañas y lo «alumbrase» en el corazón de nuestra tierra para que nadie pudiera sentirse ni solo ni triste ni vacío ni desorientado!

Este es el sueño de Dios, renacer en tu vida y hacerla fecunda si realmente descubres que tú eres el mejor regalo que Él quiere ofrecerle al otro.

Con mi afecto y mi bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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