En Cartas de nuestro Obispo

No cabe duda de que el trabajo en la pastoral Juvenil Vocacional nos llena de esperanza. Estamos dispuestos a «encontrar la pequeña llama que continúa ardiendo, la caña que parece quebrarse, pero que sin embargo todavía no se rompe». ¿Cómo? Primero, estrenando un modo de ser y de trabajar. Lo he comprobado personalmente y voy a ver si soy capaz de resumirlo en cuatro verbos.

MIRANDO, porque nuestros sentidos son la puerta de entrada a la realidad. Nuestra pastoral juvenil diocesana mira a los jóvenes con la actitud de Jesús. Los mira con simpatía, que es una característica primordial, sabiendo que es Dios quien habla a la Iglesia y al mundo del alto Aragón mediante los jóvenes. Mirar y estar a atentos a lo que Dios nos quiera decir a través de ellos, con confianza y amor. Por tanto, hay que miramos con cercanía viva, diálogo valiente, testimonio joven, fraternidad bella.

ESCUCHANDO, palabra favorita del Sínodo. Si queremos hacer pastoral con adolescentes y jóvenes, hay que comenzar escuchando, evitando la tendencia a darles respuestas precocinadas. Digamos que esta escucha posee un valor teológico, pues, así como Dios escuchó el lamento del pueblo y se conmovió en lo más íntimo hasta bajar de su cielo y actuar en la tierra, también nosotros, mediante la escucha, nuestra Iglesia diocesana puede salir al encuentro de sus niños, adolescentes y jóvenes. Por tanto, ¡hay que potenciar la pastoral y el servicio de la escucha! Y para escuchar, hay que estar presentes.

DISCERNIENDO, pues el discernimiento es el corazón de la pastoral. Otra de las palabras estrella del Sínodo y que nos viene a decir que sí, que en el corazón de los niños, adolescentes y jóvenes de nuestros pueblos ciudades, de nuestras familias y comunidades… Dios mismo está actuando en ellos. Y nuestra misión como Iglesia particular es hacer que ellos mismos descubran y experimenten cómo este Señor obra en sus vidas y en sus corazones. Proyectar y programar sí, pero tanto o más acompañar y discernir.

CAMINANDO JUNTOS, que quiere decir «sinodalidad». Esto es, corresponsabilidad, participación, valoración de las habilidades, valores, destrezas, virtudes y carismas. Efectivamente, caminar juntos implica cultivar las relaciones sin anteponer las estructuras, también poner en relación las distintas generaciones que convivimos en esta Diócesis y así no se pierda la memoria, la tradición, la renovación y la esperanza.

Con mi afecto y bendición,

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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