En Cartas de nuestro Obispo, General

Abordamos hoy la segunda frase el relato de san Juan evangelista, a propósito de las Bodas de Caná.

2ª «NO TIENEN VINO»: La incapacidad de amar

 Qué querrían significar aquellas palabras de María: «No tienen vino». En los evangelios encontramos expresiones similares: no nos queda aceite en las lámparas (Mt 25, 8); no tienen qué comer (Jn 6, 1ss); etc. que desvela la misma situación de apuro, de imprevisión, de impotencia, de no haber sabido estar a la altura…

El evangelista pone de manifiesto nuestra vulnerabilidad, nuestra frágil condición, lo fácil que se desbaratan nuestros cálculos, nuestros proyectos personales. Y revela, además, la verdad de todo ser humano: que ante determinadas cosas uno se siente fuerte, poderoso, autónomo… pero ante lo esencial, no podemos nada, nos sentimos desvalidos y experimentamos una dependencia absoluta.

La fiesta de bodas está a punto de estropearse… Se ha creado un cierto malestar, una atmósfera enrarecida. Inexplicablemente donde se preveía que la plenitud del amor, de la fiesta nupcial, del estar juntos produjera una felicidad plena y sin fin, de golpe, falla la previsión humana, se agotan los recursos, la prudencia escasea y se produce una situación embarazosa que funciona como una trampa: el hombre y la mujer se sienten perdidos, incapaces, impotentes, no saben qué hacer.

El hombre y la mujer, llamados al amor, conscientes de la vocación a la que han sido llamados, experimentan la incapacidad de amar. Viven una experiencia de cerrazón y de bloqueo; todo se había fundado en el entendimiento mutuo, en la llamada a ser una cosa sola, y esta vocación se ve impedida por imprudencias, imprevisio­nes, carencias de todo género.

La pena es que no siempre se tiene la lucidez y la valentía de reconocer nuestra incapacidad, nuestra fragilidad, vulnerabilidad… Se echará la culpa más bien a los malentendidos, las ambigüedades, los nerviosismos, las resistencias, el cansancio, el desgaste de la vida diaria, las diferencias de carácter, etc. Rara vez uno se preguntará ¿soy capaz de amar de verdad?” ¿Mis reservas de amor, de paciencia, mis provisiones de «vino», de «aceite», de «pan», ¿son suficientemente consistentes como para durar toda una vida? Cuántas veces se repite el grito: «¡Ya no hay feeling!» Y esto vale para toda vocación que entrañe opciones de unidad, de servicio prolongado y sacrificado.

¡Qué bueno haber invitado a María a nuestra «boda», a nuestro «hogar», a nuestra «familia», a nuestro «trabajo», a nuestra «fraternidad»)… para que nos advierta cuando escasee el «vino» Y siga siendo, en toda circunstancia, MADRE PROVIDENTE, ROCA FIRMA, PILAR SEGURO!

¡Qué bueno que en la Iglesia siga habiendo «tinajeros», «sirvientes», dispuestos a cargar con las tinajas y repitan el milagro diariamente de donde el agua se transforma en vino! Ser ángeles los unos de los otros

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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