En Cartas de nuestro Obispo

 

Segundo domingo de Adviento… martirial. Nuevamente me permito traer a esta carta las palabras de Antonio Plaza, vicepostulador de la Causa de Beatificación de Félix Sanz Lavilla y 251 Siervos de Dios, a propósito hoy de los mártires del Cinca:

La ribera del Cinca fue una zona “martirial” por excelencia; estuvieron representadas todas la vocaciones de la Iglesia: sacerdotes, religiosos y seglares. Afortunadamente han llegado hasta nosotros unos cuantos testimonios de testigos presenciales y hasta de compañeros de cárcel de aquellos siervos de Dios de Binéfar y de Fraga.

Fueron los pioneros. El primer asesinato fue el 20 de julio de 1936, dos días después de comenzar la contienda. Un huracán de sangre y fuego asoló toda la ribera del Cinca. Las imágenes y retablos de las iglesias ardían en las plazas de los pueblos ante la vista de aquellos curas. En las fosas de los cementerios y en los cruces de las carreteras cayeron hasta 81 cristianos (todos los curas, algunos laicos muy significados  y  tres monjas). Y esto  en poco más de 15 días. Había que empezar por los cabecillas de la Iglesia; el pueblo se olvidaría pronto de la Religión. Había que actuar con toda celeridad (las otras muertes por motivos “políticos” se llevarían a cabo a continuación)

La narración de los 24 martirizados en el cementerio de Fraga resulta impresionante: “El día 24 de julio de 1936, abrieron las puertas de la prisión para conducir a nuestros mártires al cementerio; durante el trayecto eran maltratados con las culatas de los fusiles, haciéndolo con más saña con Mn. Justo, ya que se dieron cuenta de que, cuando les invitaban a renegar de Cristo y dar vivas al comunismo libertario, el Sr. Párroco, nuestro mártir, les hacía de Viático diciéndoles: ‘Hijos míos, sed fuerte hasta la muerte’, y a continuación daban un ‘¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen del Pilar!”… Llegaron todos, sin una defeccción, ametrallados, dando vivas a Cristo y a la Virgen”. ¡Qué bravos estos hombres al profesar su fe en Cristo Rey y qué tiernos estos aragoneses al cobijarse bajo el manto de la Virgen del Pilar en el instante supremo!

Los demás murieron solos, en cualquier ribazo o en cualquier cuneta… Frecuentemente, insultados, golpeados, desangrándose en largas agonías, pero seguros y esperanzados. Los verdugos sembraron de roja sangre toda la ribera del Cinca, pero aquellos cristianos sabían muy bien que su sangre era “semilla de nuevos cristianos” 

El mismo día 24 de julio desde el balcón del Ayuntamiento de Fraga se lanzó la proclama: “Los enemigos han sido vencidos y ahora empieza para todos una nueva sociedad. A un seminarista, a quien llevaban a rehabilitar al manicomio, le preguntaban si quería ir a Misa; entre grandes risotadas le decían: “no podrás ir, no irás, pues ya no quedan iglesias”. Insensata locura; lamentablemente muchas obras de arte ardieron para siempre; pero las iglesias se levantaron de nuevo. Y lo que no pudieron hacer es fusilar la fe y el amor de aquellos cristianos. Ellos, después de 86 años, siguen viviendo con nosotros, y próximamente les veneraremos con orgullo y agradecimiento cuando la Iglesia los beatifique.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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