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Nuestro curso está en marcha, tras su inicio con la peregrinación de la Hospitalidad a Lourdes que tuvo lugar del 25 al 27 de agosto. Ese mismo día, y hasta el 1 de septiembre, un grupo significativo de sacerdotes de la Diócesis pasó su “ITV” personal y ministerial a través de la tanda de ejercicios espirituales que dirigió Mons. Ciriaco Benavente Mateos, obispo emérito de Albacete.

Venimos de un verano intenso, en lo que se ve y en lo que no. Aprovecho esta ventana para romper mi silencio, después de casi dos meses, agradeciendo vuestras oraciones y las muestras de cercanía, cariño y apoyo que he recibido por parte de mis hermanos obispos, los sacerdotes que me conocen de verdad y de la mayoría de vosotros.
Con total sencillez y humildad quiero expresaros que en la Diócesis de Barbastro-Monzón, aunque no siempre lo consigamos, tratamos de proceder de forma colegial, acorde a derecho, en comunión eclesial, con transparencia, con espíritu evangélico… Hemos aguardado pacientemente a que las aguas se serenaran para expresaros nuestros sentimientos, motivaciones y modo de proceder en relación a Torreciudad.

Pese al ruido mediático, que ha pretendido enfrentarnos y embarrar la situación, desde el Obispado de Barbastro-Monzón siempre hemos tratado de tender la mano a la Prelatura y ayudarles a regularizar su situación jurídica, canónica y pastoral. No era otra nuestra intención, desde el marco legal, que propiciar la comunión eclesial de todos los grupos y carismas que integran la comunidad diocesana, en aras de la edificación de la Iglesia y de su misión en el mundo. Para ello, el decreto de nombramiento del rector de Torreciudad, al igual que el del Santuario del Pueyo, dentro del marco de las conversaciones que había mantenido con sus superiores legítimos, pretendía ajustar la realidad a la legislación canónica vigente.

Y desde el mismo ámbito sinodal y de corresponsabilidad, con el propósito de avanzar en la actualización normativa, pensamos en conformar equipos mixtos, donde la presencia de sacerdotes diocesanos y de las respectivas instituciones religiosas, permitiera servir a la coordinación, la comunión, la corresponsabilidad y al mismo tiempo conformar una estructura operativa que ayudase a cristalizar la convergencia deseada. Estamos abiertos a que la autoridad eclesiástica competente dirima la situación si realmente no quedan satisfechos con los argumentos expuestos.

Las palabras que tantas veces repetía san Josemaría, “se me hace de noche”, o la canción Aprite le finestre que tarareaba, se tornan proféticas para los hijos de la Prelatura, para vivir estos avatares como un acontecimiento de gracia y una oportunidad.

Estoy con mucha paz por haber procedido con honestidad, transparencia, valentía y espíritu evangélico. Por volver a defender a la “esposa que el Señor me confió” y sufrir por ella. Nuestra Diócesis, aunque pobre, envejecida, despoblada… sigue teniendo dignidad como pueblo milenario, mariano, misionero y martirial. Pedidle al Señor que me siga iluminando para llevar a cabo siempre su voluntad aunque duela.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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