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El día 29 de enero de este año bisiesto me va a tocar dirigir el retiro mensual a los sacerdotes que trabajan pastoralmente en nuestra diócesis, y que cada mes nos reunimos -ahora en la Casa Sacerdotal- para compartir y realizar nuestra puesta a punto mensual.

Quiero, en primer lugar, en vuestro nombre y en el mío propio, dar las gracias a cada uno (los diocesanos, los consagrados y los extradiocesanos) por su vida y su fecundo ministerio. E invitaros a rezar por ellos para que realmente lo vivan con gozo a pesar de su edad, salud, fragilidad, limitación, incomprensión o las diversas contrariedades que puedan surgir.

Ser sacerdote hoy sigue siendo una de las formas más sublimes de hacer visible y sensible el Reino de Dios entre los hombres; una de las formas más hermosas de encarnar los ideales de cualquier persona; una de las formas posibles de autorrealización personal; una de las formas reales de ser feliz, libre y fecundo; y una de las formas de encarnar la santidad a la que todos estamos llamados.

En segundo lugar, me gustaría que tomaran viva conciencia de que su ministerio, vivido con ardor y celo pastoral, es una verdadera PRO-VOCACIÓN para el mundo.

Más allá de la edad, de los posibles achaques, las diversas limitaciones, su escasa relevancia social o su propia vulnerabilidad, son realmente testigos de un mundo alternativo, con su modo de ser:

  • Contestatarios silenciosos de una sociedad consumista que se ha creado sus propias necesidades innecesarias.
  • Promotores de unas relaciones gratuitas, poniendo toda su vida, su acción y su palabra al servicio de los demás, especialmente de los más desfavorecidos. Siempre están disponibles para quienes los buscan o lo necesitan.
  • Generadores de solidaridad y unidad, respetando las diferencias, siendo signo de comunión. Se saben hermanos de todos. Ayudan a cada uno a descubrir sus propios carismas, a potenciarlos cada uno y ponerlos al servicio de la comunidad.
  • Generadores de esperanza. En una sociedad herida de muerte por el desamor entre unos y otros, el sacerdote nos ayuda a descubrir que “Dios no hace basura” y le ofrece la fraternidad como utopía que se hace realidad.
  • Testigos de valores trascendentes que nos ayudan a mirar más alto y más profundo, descubriéndolas coordenadas invisibles que trascienden la vida. Los curas son señal y anuncio, testigos de valores superiores.

Transparentar el rostro misericordioso de Jesucristo, el buen pastor, es la razón de ser, auténtica y verdadera, de quien se sabe llamado por pura gracia de Dios a esta vocación cristiana específica.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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