En Cartas de nuestro Obispo, Notas de Prensa, Obispo de Barbastro-Monzón

La conciencia eclesial actual ha ido pasando ya, según refiere mi maestro, hermano y amigo Luis Rubio en su libro Nuevas vocaciones para un mundo nuevo, de una consideración de los laicos como objeto del cuidado y de la solicitud pastoral de los ministros ordenados, y de la benévola concesión de «participantes en el apostolado jerárquico de la Iglesia», al concepto más reciente de «colaboradores» y al de corresponsables, como bautizados, junto con y al lado de las otras vocaciones, en la misión única y común encomendada por Jesús a todos sus discípulos, reunidos en la misma y única Iglesia de Cristo, como expresara Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Christifideles laici.

El laico tiene una vocación específica, dada por Dios, y no ya concedida por la jerarquía; también han sido «llamados por su nombre» y enviados personalmente por Cristo, encargados de una peculiar y específica misión. No sólo pertenecen a la Iglesia, sino que son «la Iglesia en el mundo». Participan de la triple función de Cristo, profética, sacerdotal y regia, lo que subraya su condición eclesial, su pertenencia a la Iglesia. Son corresponsables de la misión evangelizadora de la Iglesia.

En el actual momento eclesial esta conciencia se ha hecho ya común y ha obtenido expresiones tan solemnes y fuertes como las que aparecen en los documentos de Puebla y Santo Domingo, o en aquella afirmación tajante y para muchos todavía escandalosa con la que concluye el documento de la LV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española Los cristianos laicos. Iglesia en el mundo: «En un mundo secular, los laicos… son los nuevos samaritanos, protagonistas de la nueva evangelización, con el Espíritu Santo que se les ha dado… La nueva evangelización se hará sobre todo por los laicos, o no se hará».

Un segundo aspecto de esta conciencia es que la referencia vocacional de los laicos los coloca y envía no primordialmente al interior de la comunidad eclesial, a la edificación de la Iglesia, sino al exterior, a ese ámbito que se conoce como «el mundo». Según reza el documento citado de la Conferencia Episcopal Española «los laicos, por su novedad cristiana e índole secular…, concretan la inserción de la Iglesia toda en el mundo y para el mundo… Son llamados por Dios para santificar el mundo desde dentro».

Por eso se puede hablar ya como de una tentación para los laicos, a la que «no siempre han sabido substraerse»: la tendencia a la clericalización, a una cierta «sacristanización» (!), a «reservar un interés tan marcado por los servicios y tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político» (ChL 2).

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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