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	<title>Reflexión Dominical &#8211; Diócesis de Barbastro-Monzón</title>
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		<title>II DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR-A. 19 DE ABRIL de 2020</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Apr 2020 06:39:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Jn (20, 19-31) En este segundo domingo de Pascua, también llamado de la Divina Misericordia, contemplamos a Jesús resucitado que viene hasta nuestra casa para librarnos del miedo y para [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Jn (20, 19-31)</p>
<p>En este segundo domingo de Pascua, también llamado de la Divina Misericordia, contemplamos a Jesús resucitado que viene hasta nuestra casa para librarnos del miedo y para ayudarnos a superar nuestras dudas en la fe. Intentemos imaginar lo que vivieron aquellos discípulos de Jesús que permanecieron firmes hasta el final, en el seguimiento del maestro. Nos encontramos con un número reducido, conformado por su familia, los once apóstoles, algunas mujeres encabezadas por María Magdalena y unos cuantos que lo siguieron en silencio para no comprometerse.</p>
<p>Eran tan pocos que se podían esconder en una casa y asegurar muy bien las puertas, porque estaban llenos de miedo. Fuera se escuchaba el murmullo de los judíos, dispuestos a crucificar a todo el que se proclamara simpatizante del Nazareno. El único que podía vencer el miedo y llenarlos de fortaleza era Jesús. Pero a Él lo habían visto morir en la cruz, abandonado hasta de Dios, a quien llamaba Padre. Por más que algunos hablaban de apariciones, ellos no daban crédito, porque estaban aterrorizados y su fe se les había convertido en duda, aunque ninguno lo manifestaba abiertamente, hasta que Tomás lo hizo por todos ellos y quizá por muchos de nosotros.</p>
<p>Desde el mismo momento de la resurrección, Jesús siempre estuvo con ellos, aunque solo se dejara ver en algún momento fugaz. Él había prometido permanecer siempre con ellos y nunca dejó de cumplirlo. Seguramente, en el momento de su mayor miedo y angustia, fue cuando, de pronto, se presentó en medio de ellos y los llenó de paz, de alegría, de seguridad y de fe. Ese día, providencialmente, no estaba Tomás, al que le hemos endilgado el título de “incrédulo”, pese a que él sólo exteriorizó lo que estaban viviendo todos los demás discípulos y con ello, puso de manifiesto lo débiles que somos en nuestra fe.</p>
<p>El encierro que estamos viviendo los habitantes de la casa común en este momento seguramente no es comparable con el que vivieron los discípulos del Señor en Jerusalén, hace dos mil años, pero con toda seguridad, de allí sacamos luz para iluminar nuestra vida. Hoy por culpa de un virus, estamos encerrados, no podemos negar que tenemos miedo, no queremos que nos atrape y, seguramente, nos preguntamos: ¿Por qué Dios no ha destruido este virus? La respuesta de Jesús sigue siendo la misma; Él siempre ha estado con nosotros, nunca nos ha dejado solos. A pesar de que le hayamos cerrado bien la puerta, Él ha entrado y, silenciosamente, ha permanecido ahí, en nuestra casa, en nuestra vida.</p>
<p>Cristo resucitado es nuestra vida. Él ha vencido a la muerte y ha conseguido para todos sus seguidores una resurrección como la suya. Como Tomás, también tenemos dudas, y así como él quiso meter el dedo en los agujeros que dejaron los clavos, nosotros también quisiéramos ver que Jesús extingue este virus inmediatamente; pero Jesús nos sigue diciendo: “aquí están mis manos y mis pies”, nunca he estado lejos de vosotros, aunque me habéis cerrado la puerta de vuestra casa y de vuestro corazón, aunque os habéis olvidado de mí, de mi palabra, de los pobres y de todas las enseñanzas que os di, nunca os he dejado solos, ni os dejaré. Vosotros encargaos de las necesidades de los pobres, que yo me encargaré de las vuestras.</p>
<p style="text-align: right"><em>Rafael Duarte Ortiz</em></p>
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		<item>
		<title>Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor-A. 12 de abril de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/domingo-de-pascua-de-la-resurreccion-del-senor-a-12-de-abril-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Apr 2020 06:38:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Jn (20,1-9) Estamos celebrando la fiesta grande de nuestra fe, el día en que Jesús pasó de la muerte a la vida y consiguió para todos sus seguidores el triunfo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Jn (20,1-9)</p>
<p>Estamos celebrando la fiesta grande de nuestra fe, el día en que Jesús pasó de la muerte a la vida y consiguió para todos sus seguidores el triunfo definitivo sobre la muerte. Hoy compartimos la alegría de María Magdalena y los apóstoles; y también compartimos la responsabilidad de ser testigos del resucitado, en medio del mundo. María Magdalena fue al sepulcro muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, dándonos a entender que para comprender la resurrección primero hay que reconocer nuestra penumbra y luego mirar al sepulcro y a la cruz. Si nos fijamos detenidamente en el evangelio, llegamos a la conclusión de que Jesús soportó una oscura incomprensión: tanto por sus apóstoles, que solo pensaban en los primeros puestos, como por la gente,<br />
que acudía en multitud para disfrutar de sus milagros.</p>
<p>Posiblemente, la intención del evangelista San Juan, al escribir que María Magdalena fue sola al sepulcro, fuera hacernos ver que ella fue la primera de los discípulos en comprender la necesidad de pasar por la muerte para llegar a la vida. La primera en comprender que sin Jesús, es imposible vivir. Ella es la primera testigo de la resurrección. De ella aprendimos que Jesús es el sentido de nuestra vida, que lo necesitamos en todo momento, tanto en las buenas como en las malas, en la vida como en la muerte, que Él es nuestra vida.</p>
<p>En esta Pascua que estamos celebrando, tan distinta a la de otros años debido a la devastadora pandemia, es importante que nos dejemos iluminar por el triunfo de Jesús sobre la muerte y aprendamos a ver la vida con el verdadero sentido que tiene. Así como Jesús tuvo que pasar por la cruz para llegar a la resurrección; es sugerente pensar que nuestra generación necesitara pasar por este momento de muerte y desolación, para volver a comprender nuestra fragilidad y para reconocer nuestra irresponsabilidad. Es muy posible que estuviéramos necesitando esta cruz, para comprender que no somos dueños de nada, que no somos los propietarios del planeta, ni de los recursos naturales, ni siquiera de nuestra propia vida. Quizá el peso de la cruz de la pandemia, nos está diciendo que lo más importante no es la riqueza, que las cosas materiales no son nuestra seguridad, que estábamos totalmente equivocados cuando nos dio por pensar que éramos los amos y señores del universo, olvidando que somos tan importantes como la hierba, que por la mañana está verde y al resol de mediodía se seca.</p>
<p>Inspirados en la actitud de María Magdalena, tratemos de sacar vida del sepulcro, tratemos de sacar vida de esta pandemia; sobre todo, vida de tantos hermanos nuestros que la han perdido, de tantos que la han entregado generosamente por salvar a los demás. Con la resurrección de Jesús empezó la vida nueva, para todos. De la misma manera, esta situación por la que estamos pasando todos los habitantes de la casa común, nos debe servir para empezar una vida nueva, en la que le devolvamos el puesto a Dios en primer lugar, a nuestros hermanos, a nuestra propia familia y muy especialmente a la naturaleza, que está empeñada en cobrarnos la destrucción a la que la hemos venido sometiendo.</p>
<p style="text-align: right"><em>Rafael Duarte Ortiz</em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>V Domingo de Cuaresma-A. 5 de abril de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/v-domingo-de-cuaresma-a-5-de-abril-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Apr 2020 06:35:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[(Juan 11,1-45) Estamos llegando al final del tiempo de cuaresma y, en la celebración de este quinto domingo, tenemos la oportunidad de analizar nuestro compromiso con la vida y nuestra [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>(Juan 11,1-45)<br />
Estamos llegando al final del tiempo de cuaresma y, en la celebración de este quinto domingo, tenemos la oportunidad de analizar nuestro compromiso con la vida y nuestra actitud frente a la muerte. Lo que ocurrió con Lázaro nos permite ver cómo reaccionó Jesús ante la muerte de un amigo. Cuando recibió el recado de Marta y María, las hermanas de Lázaro, Jesús estaba muy lejos de Betania, necesitaba caminar varios días para llegar a casa de sus amigos y hacer el duelo, pero no dudó en interrumpir todo su programa y ponerse en camino, tampoco lo detuvieron las amenazas de los judíos que días antes intentaron lapidarle. Él quería dejarnos claro que cuando llega la muerte de los amigos hay que estar con la familia, sin importar lo demás.</p>
<p>Al llegar a la tumba, Jesús se echó a llorar, se condolió por su amigo, consoló a su familia y compartió el momento de pesar con toda la gente que estaba allí reunida; Qué enseñanza tan bonita y tan humana. Eso mismo es lo que tenemos que hacer cada vez que la muerte nos arrebata a nuestros amigos, familiares o vecinos. Comportarnos como Jesús, es estar ahí, llorar, acompañar y vivir el acontecimiento como una pérdida para la familia y para toda la comunidad.</p>
<p>Después de compartir el sentimiento de dolor hasta el llanto, Jesús nos enseñó a ir mucho más allá, nos enseñó que la muerte apenas es un paso necesario para llegar hasta la vida plena. Ese día pronunció una de las enseñanzas más grandes y maravillosas que podamos escuchar, dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Ese es el sentido de la muerte para Jesús y, en consecuencia, para todos nosotros sus seguidores. Es verdad que en el caso de Lázaro la muerte se transformó en alegría y fiesta porque éste volvió a la vida, pero aquí la palabra más precisa sería “revivió”, puesto que Lázaro,  después de un tiempo, nuevamente debía volver a morir. A nosotros el Señor nos habla de algo muy superior a lo de Lázaro, nos habla de una “resurrección” semejante a la Suya, nos habla del no morir para siempre, nos asegura que estamos hechos para la vida eterna.</p>
<p>Empezamos hablando de la gran importancia que tiene el acompañar y hacer duelo en el momento de la muerte, pero no debemos esperar que llegue ese acontecimiento tan triste para acercarnos a nuestros amigos; Jesús, que estaba pendiente de sus amigos, que decidió no tratarnos como siervos, sino como amigos, quiere que nos amemos y nos acompañemos realmente en todos los momentos de la vida, sin perder oportunidad para hacerlo.</p>
<p>La esperanza que tenemos los cristianos en la vida eterna se convierte en un gran compromiso para afrontar la vida presente. Si esperamos una resurrección como la de nuestro maestro, también debemos esforzarnos por llevar una vida como la suya; es decir, cada día que Dios nos regala es para aprovecharlo al máximo, haciendo todo el bien posible a nuestro prójimo, tanto como si se tratara de nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: right"><em>Rafael Duarte Ortiz</em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>IV Domingo de Cuaresma. 22 de marzo de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/iv-domingo-de-cuaresma-22-de-marzo-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2020 18:45:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38): En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):</strong></p>
<p>En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»<br />
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.»<br />
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»<br />
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.» Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron.<br />
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.</p>
<p><strong>¡Palabra del Señor! </strong></p>
<p>Estamos viviendo el cuarto domingo del tiempo de cuaresma, y ya cercanos a la Pascua, que es la fiesta de la luz, el Señor nos pregunta si vemos claramente o si vamos por el mundo con los ojos vendados, porque no queremos ver el amor de Dios ni el dolor de nuestros hermanos. El Evangelio que hemos escuchado nos presenta a un hombre ciego de nacimiento que se dedicaba a pedir limosna. Recordamos que en el ambiente judío, las personas que sufrían esta discapacidad estaban totalmente excluidas de la comunidad; se daba por hecho que si una persona nacía ciega era por culpa del pecado de sus padres, que lo habían traído al mundo empecatado de pies a cabeza y en consecuencia, debía sufrir durante toda la vida, y además, dedicarse a la mendicidad. Este pensamiento judío también lo compartían los discípulos, que preguntaron a Jesús quién había pecado, si el ciego o sus padres. Jesús responde con toda claridad: “Ni él ni sus padres”. Dios no castiga a nadie con enfermedades, ni con accidentes, ni con ninguna otra desgracia. Dios lo que quiere es que todos sus hijos tengamos vida y la tengamos en abundancia. Jesús, que obra en consecuencia, devuelve la vista al ciego y le da la oportunidad de que se integre a la comunidad. Le hace recobrar su dignidad, ya no volverá a sentirse un mendigo que paga un castigo divino, sino un hijo muy amado de Dios.</p>
<p>En este relato, el evangelista deja ver que hay otra clase de ceguera, casi imposible de curar, a ella se enfrentó Jesús sacando la triste conclusión de que no hay peor ciego que el que no quiere ver. De ella sufrían las autoridades religiosas, que se dedicaron a interrogar y a perseguir al que había sido ciego, para opacar el milagro. Ellos no lograron abrir los ojos para ver este maravilloso signo y en consecuencia, no lograron ver a Dios en la persona de Jesús.</p>
<p>La oscuridad del ciego de nacimiento se terminó allí, con el milagro de Jesús; la otra oscuridad, la de los fariseos y demás autoridades religiosas, se ha ido transmitiendo de generación en generación, llegando a convertirse en una enfermedad querida y alimentada por muchos cristianos a través de la historia. En este momento, nos corresponde a nosotros examinarnos de manera personal, para saber si hemos decidido taparnos los ojos con el fin de no enterarnos de los sufrimientos por los que pasa gran parte de la humanidad. Nuestros hermanos que pasan hambre, enfermedades y todo tipo de calamidades, no son invisibles, pero nosotros que afortunadamente no vivimos en la misma condición, hemos decidido no ver lo que les pasa, para que no perturben nuestra tranquilidad.</p>
<p>Si no logramos ver el sufrimiento de los hermanos humildes de Jesús, tampoco lograremos verlo a Él, que ha venido para ser la luz del mundo, para abrirnos los ojos a la fraternidad y a la compasión, y para devolvernos la dignidad, igual que a aquél ciego de nacimiento. Aceptemos a Jesús como nuestra luz, aceptemos el reto de ver con claridad y, reconociendo nuestros errores, pidamos al Señor que en esta cuaresma nos ayude a pasar de la oscuridad a la luz verdadera.</p>
<p style="text-align: right"><em>Rafael Duarte Ortiz </em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>III Domingo de Cuaresma-Ciclo A. 15 de marzo de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/iii-domingo-de-cuaresma-ciclo-a-15-de-marzo-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2020 06:22:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42): En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):</strong><br />
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que<br />
dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino,<br />
estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.<br />
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus<br />
discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.<br />
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy<br />
samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.<br />
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le<br />
pedirías tú, y él te daría agua viva.»<br />
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua<br />
viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y<br />
sus hijos y sus ganados?»<br />
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua<br />
que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en<br />
un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»<br />
La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí<br />
a sacarla.»<br />
Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»<br />
La mujer le contesta: «No tengo marido».<br />
Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es<br />
tu marido. En eso has dicho la verdad.»<br />
La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este<br />
monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»<br />
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén<br />
daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno<br />
que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está<br />
aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad,<br />
porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben<br />
hacerlo en espíritu y verdad.»<br />
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá<br />
todo.»<br />
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»<br />
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le<br />
rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más<br />
por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros<br />
mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»<br />
<strong>¡Palabra del Señor!</strong></p>
<p><em>Este tercer domingo de cuaresma nos presenta un mensaje lleno de esperanza, el mismo</em><br />
<em>Jesús que se acercó a la mujer samaritana para hacerla partícipe del don de Dios, se acerca</em><br />
<em>hoy a cada uno de nosotros para ofrecernos el agua de vida que calma nuestra sed y</em><br />
<em>nuestras angustias.</em></p>
<p><em>La enemistad entre los judíos y los samaritanos era muy grande. Hasta el mismo Jesús la</em><br />
<em>experimentaba, por eso dijo a la mujer: “vosotros dais culto a uno que no conocéis,</em><br />
<em>nosotros damos culto a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos”. A</em><br />
<em>pesar de esa enemistad, a pesar de tratarse de una mujer señalada por haber convivido con</em><br />
<em>cinco hombres, Jesús propició el encuentro con ella, para darle a conocer el don</em><br />
<em>misericordioso de Dios, que es comparable con el agua viva que sacia la sed para siempre</em><br />
<em>y devuelve el sentido de la vida.</em></p>
<p><em>En aquella mujer samaritana estamos reflejados todos los cristianos y la humanidad en</em><br />
<em>general. Vamos por el mundo sedientos y con el cántaro vacío, no sabemos dónde está la</em><br />
<em>fuente y estamos completamente desorientados; igual que aquella mujer, ya ni siquiera</em><br />
<em>sabemos cuál es nuestra familia y cuáles son nuestros amigos; le hemos perdido el sentido </em><br />
<em>a la vida y, simplemente, vamos de un lado a otro, formando parte de un montón de gente</em><br />
<em>que avanza desorientada.</em></p>
<p><em>Pues, ved que a todos nosotros viene Jesús, a todos nosotros nos está esperando en el pozo</em><br />
<em>de Jacob, a todos nosotros nos dice: “Dame de beber”. Si nos inspiramos en la experiencia</em><br />
<em>de la samaritana, seguramente le diremos: Señor, ¿cómo me vas a pedir agua a mí, que</em><br />
<em>estoy en medio del desierto muriendo de sed?, ¿cómo me vas a pedir ayuda, cuando no</em><br />
<em>puedo con mi propia vida?, ¿a mí, que estoy siendo superado por el desánimo y el</em><br />
<em>sinsentido de la vida?</em></p>
<p><em>Y la respuesta de Jesús, después de llamarnos por nuestro propio nombre, seguirá siendo</em><br />
<em>la misma que escuchó la mujer: Si conocieras el don de Dios, si supieras que ahí mismo,</em><br />
<em>al alcance de tu mano, tienes la fuente de la misericordia, aceptarías beber el agua que</em><br />
<em>sacia definitivamente la sed y transforma todo el sinsentido de la vida en una fuente, que</em><br />
<em>es capaz de saltar hasta los demás y llenarlos de vida y entusiasmo.</em></p>
<p><em>Nosotros no podemos clamar como la mujer: ¡Señor, danos de esa agua!, porque nos la</em><br />
<em>ha estado ofreciendo cada día y a toda hora, y nuestra respuesta ha sido ir a buscar otras</em><br />
<em>fuentes, ir a buscar otro tipo de felicidad. Seguimos pensando que nuestra plena</em><br />
<em>realización consiste en poseer cosas materiales, en disfrutar sin límite de los placeres de</em><br />
<em>la vida y ser los más famosos y poderosos del planeta.</em></p>
<p><em>La historia de la mujer samaritana termina felizmente, porque ella encontró en Jesús al</em><br />
<em>único que podía salvarla y aceptando su ofrecimiento, tomó el camino de la conversión.</em><br />
<em>Eso mismo es lo que estamos necesitando todos nosotros, aceptar a Jesús como la Verdad</em><br />
<em>y la Vida; así empezaremos a ser como esa fuente de la que brota el amor, el servicio, el</em><br />
<em>perdón y la comprensión que todo el mundo está necesitando para calmar la sed y</em><br />
<em>encontrar nuevamente el sentido profundo de la vida.</em></p>
<p style="text-align: right"><em>Rafael Duarte Ortiz</em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>2º Domingo de Cuaresma. Ciclo A. 8 de marzo de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/2o-domingo-de-cuaresma-ciclo-a-8-de-marzo-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Mar 2020 17:54:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9) En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9)</strong></p>
<p>En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»</p>
<p><strong>¡Palabra del Señor! </strong></p>
<p>Hoy damos un paso más en el camino hacia la Pascua, celebrando este segundo domingo de cuaresma, en el que la Palabra del Señor nos ofrece nuevas claves para conocer más a Jesús, superar nuestras dudas y comprometernos con Él. Comenzamos por tratar de comprender la situación por la que estaban pasando los apóstoles. Ellos, aunque fueron llamados por Jesús y estaban día y noche con Él, llevaban en su cabeza el modo de pensar de los judíos, que no les permitía reconocer a Dios en la humilde persona de un nazareno. Por eso, cuando empezaron a ver signos extraordinarios, le rogaron diciendo: “Señor, auméntanos la fe”. Y cuando oyeron que les hablaba de su muerte y resurrección se opusieron, diciendo: “Señor, eso no puede pasar”.</p>
<p>Es posible que todo eso motivase a Jesús para regalarles –a ellos y todos nosotros– el maravilloso misterio que hoy hemos escuchado: su transfiguración en el monte Tabor. Hecho extraordinario del que hoy nos valemos los cristianos para comprender algunas claves, que nos llevan a un mejor conocimiento y compromiso en el seguimiento del Señor.</p>
<p>La primera clave es subir al Tabor. Jesús se pudo transfigurar en cualquier sitio, pero decidió subir a la montaña, dejando claro que es necesario salir de sí mismo, salir de la comodidad y enfrentarse al camino con constancia y sacrificio. A Jesús no se le encuentra sin esfuerzo; la pereza y la mediocridad sólo sirven para alejarnos de Él. Por eso, nos dijo: “el que no tome su cruz y me siga, no puede ser discípulo mío”. Subir al Tabor es tomar con toda seriedad cada acontecimiento de nuestra vida, sin ahorrar esfuerzos y buscando hacer siempre lo mejor.</p>
<p>La segunda clave es contemplar a Jesús, mirar su rostro resplandeciente, para que su reflejo llegue hasta nosotros y nos ayude a ver nuestra pobre realidad. Para contemplar a Jesús es necesario silenciar nuestra vida de todo lo que nos distrae y adentrarnos en el espíritu. La contemplación es espiritual, para llegar a ella necesitamos dedicarle tiempo, mucho tiempo; necesitamos estar convencidos de que la meditación y la oración son más importantes que todas las demás cosas a las que dedicamos nuestros días.</p>
<p>La tercera clave para conocer al Señor es escuchar su Palabra. En el Tabor se oyó una voz que decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. ¿Cómo vamos a conocer al Señor, si no escuchamos su Palabra? Si no sacamos el tiempo necesario para leer, estudiar y meditar las Sagradas Escrituras, nuestro conocimiento de Jesús será vago y superficial y, en consecuencia, nuestro compromiso no será el de verdaderos discípulos.</p>
<p>La cuarta clave para conocer a Jesús es la Cruz. La trasfiguración del Señor termina con la advertencia de que hace a sus apóstoles: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”. La contemplación gloriosa del Señor no puede apartarnos de su Cruz, puesto que ella es el camino que lleva a la vida, no pretendamos ser más listos que nuestro maestro, no pretendamos llegar a la gloria sin haber pasado por la cruz.</p>
<p style="text-align: right">Rafael Duarte Ortiz</p>
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		<title>I Domingo de Cuaresma. 1 de marzo de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/i-domingo-de-cuaresma-1-de-marzo-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Mar 2020 17:59:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11): En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11):</strong></p>
<p>En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».</p>
<p>Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».</p>
<p>De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».</p>
<p>Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.</p>
<p><strong>Palabra del Señor</strong></p>
<p>La celebración de este primer domingo de cuaresma nos permite ponernos ante Jesús y mirarnos en Él como en un espejo, descubriendo cuánto nos parecemos a nuestro maestro, o cuánto distamos de conseguir este objetivo. Jesús es el único que ha podido decir con toda autoridad: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Cuando llamó a cada uno de sus discípulos diciéndoles: “Ven y sígueme,” les propuso imitar su manera de pensar, de orar y de vivir. Él no perdió oportunidad para motivarnos a imitarle, lo hizo en muchos momentos de su vida, y aun después de resucitar, pidió a sus apóstoles que fueran por el mundo entero e hicieran discípulos suyos en todos los pueblos.</p>
<p>A través de todos los siglos han surgido seguidores de Jesús en todo el mundo, pero la pregunta es: ¿cuánto se parecen a su maestro? Y lo más importante para nosotros: ¿Cuánto nos parecemos a Jesús los cristianos de la presente generación? Hemos dicho que trataremos de vernos en Él cómo en un espejo, pues si nos ponemos frente a sus cuarenta días de ayuno y oración, deberemos reconocer que no tenemos ningún parecido. Un día de ayuno nos parece insoportable, un rato de rodillas ante el Santísimo nos parece demasiado esfuerzo, y además, para una gran mayoría, estas son cosas del pasado que hoy día no se necesitan.</p>
<p>Sin ayuno y oración estamos perdidos, nuestra debilidad nos lleva a sucumbir ante cualquier tentación: no estamos amenazados por el hambre, pero si podemos almacenar alimentos, lo hacemos; tenemos una vivienda en muy buenas condiciones, pero si se da la oportunidad, nos atrevemos a tener otra y luego, otra; tenemos cómo pagarnos los gastos propios y de nuestra familia, pero si podemos atesorar y multiplicar nuestro dinero, no dudamos en hacerlo; y así, frágiles y maleados en los distintos aspectos de nuestra vida, difícilmente podremos responder a la tentación con las palabras de Jesús: “vivo de toda palabra que sale de la boca de Dios”.</p>
<p>Qué poco nos parecemos a Jesús. Si pensamos en todo lo que produce fama y en consecuencia placer, no solo estamos dispuestos a tirarnos desde el alero del templo, sino desde donde haga falta; en este sentido, además de poder afirmar que los cristianos del presente no nos parecemos a Jesús, debemos lamentar que no buscamos parecernos a Él, pues tenemos otras referencias, especialmente en todos los ricos y famosos que se encargan de inspirar a nuestra sociedad. Nuestro gran afán es vivir comiendo y vistiendo como hacen los poderosos, esa es nuestra gran preocupación y para eso vamos preparando a los pequeños. Jesús, que con toda libertad pudo responder diciendo: “Al señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”, se ve obligado hoy a ver a sus discípulos arrodillados ante el dinero y ante todas las comodidades que de él dimanan. Al ponernos de rodillas ante los bienes materiales, estamos dando la espalda al Creador que nos ha dado la vida y todo lo que somos, y por si no fuera bastante ofensa, el afán por las riquezas nos lleva también a pisotear a nuestros hermanos, cometiendo toda clase de injusticias. Esforcémonos por vivir el tiempo de cuaresma reconociendo lo lejos que estamos de Jesús y hagamos el propósito de parecernos a Él en todo; especialmente, en decirle “no” al dinero, que se presenta como el dios de este momento.</p>
<p style="text-align: right">Rafael Duarte Ortiz</p>
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		<title>Domingo VII del tiempo ordinario. 23 de febrero de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/domingo-vii-del-tiempo-ordinario-23-de-febrero-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Feb 2020 19:20:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Documento para descargar: domingo-vii-del-tiempo-ordinario Lectura del santo Evangelio, según san Mateo (MATEO 5,38-48) En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right">Documento para descargar: <a href="https://www.diocesisbarbastromonzon.org/wp-content/uploads/sites/3/2020/02/domingo-vii-del-tiempo-ordinario.pdf">domingo-vii-del-tiempo-ordinario</a></p>
<p><strong>Lectura del santo Evangelio, según san Mateo (MATEO 5,38-48)</strong></p>
<p>En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:<br />
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.<br />
Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.<br />
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.<br />
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».</p>
<p><strong>Palabra del Señor</strong></p>
<p>El Evangelio de este domingo, séptimo del tiempo ordinario, es la continuación del anterior y en él, Jesús nos deja claro que para nosotros los cristianos no pueden existir el odio y la venganza. Conociendo el ambiente en el que nació y creció Jesús, es lógico suponer que desde temprana edad, igual que los niños de su tiempo, supiera y repitiera todos los mandamientos de carrerilla; entre ellos, la ley del Talión, que autorizaba la venganza: “ojo por ojo y diente por diente”, y el mandato de odiar a los enemigos, del que, a pesar de estar precedido por el de amar al prójimo, solo se tenía en cuenta la parte que dice: “aborrecerás a tu enemigo”. Muy pronto Jesús empezó a exponer un pensamiento completamente distinto al de sus contemporáneos; seguramente, ese fue uno de los temas que, a la edad de doce años, expuso en el templo ante los doctores de la ley. Conocedor de la ley de Moisés y los profetas, y sabiendo que esa ley tuvo validez en el pasado, Él propuso la nueva ley, repitiendo la fórmula que hoy hemos escuchado: “Habéis oído que se dijo a los antepasados…, pero Yo, en cambio, os digo…”. Es comprensible que los judíos de hace dos mil años no pudieran aceptar eso de perdonar los agravios, poner la otra mejilla, entregar la túnica al que te ha robado la capa y los demás ejemplos que puso Jesús. Lo que no es comprensible es que los cristianos de hoy día, después de haber escuchado tantas veces las enseñanzas de Jesús y después de tener millones de libros escritos con los nefastos resultados de la guerra y la violencia, todavía sigamos pensando en el odio y la venganza. Si miramos a nuestro maestro, si contemplamos cómo respondió a las persecuciones, y cómo fue capaz de perdonar incluso en medio de la humillación y el dolor de la crucifixión, necesariamente llegaremos a la conclusión de que no hemos aprendido la lección. Desafortunadamente formamos parte de un mundo que sigue promoviendo la venganza, un mundo que cree que el país más importante es el que tiene las mejores armas y las mantiene apuntando día y noche a los demás, un mundo que con el pretexto del desarrollo, ha creado una carrera armamentista que terminará por exterminar a alguna generación. Y ahí, en medio de ese mundo, estamos los discípulos de Jesús. Y estamos para poner paz en todas las fronteras, pero no podemos olvidar que antes de llevar la paz a los de lejos, tenemos que construirla con los de cerca; especialmente, con los de nuestra misma casa y con los vecinos de nuestro pueblo. La paz brota de un corazón lleno de amor, la paz florece cuando haciendo caso a nuestro maestro, dedicamos buena parte de nuestra vida a perdonar y a amar a los enemigos, y buena parte de nuestra oración, a rezar por nuestros perseguidores. Tratemos de practicar este evangelio que nos reta a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto, y siendo conscientes de que nos ha adoptado como hijos, no olvidemos que jamás nos pareceremos tanto a Jesús como cuando seamos capaces de perdonar de todo corazón a nuestros semejantes.</p>
<p style="text-align: right">Rafael Duarte Ortiz</p>
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		<title>Domingo VI del tiempo ordinario. 16 de febrero de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/domingo-vi-del-tiempo-ordinario-16-de-febrero-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Feb 2020 07:57:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Documento para descargar: domingo-vi-del-tiempo-ordinario Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37): EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right">Documento para descargar: <a href="https://www.diocesisbarbastromonzon.org/wp-content/uploads/sites/3/2020/02/domingo-vi-del-tiempo-ordinario.pdf">domingo-vi-del-tiempo-ordinario</a></p>
<p><strong>Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37):</strong></p>
<p>EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:<br />
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:<br />
no he venido a abolir, sino a dar plenitud.<br />
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.<br />
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.<br />
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.<br />
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.<br />
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.<br />
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.<br />
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.<br />
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.<br />
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.<br />
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.<br />
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.<br />
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.<br />
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.<br />
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.<br />
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».</p>
<p><strong>Palabra del Señor</strong></p>
<p>La celebración de este domingo, sexto del tiempo ordinario, nos propone <strong>revisar nuestra actitud frente a la ley</strong>, para que siguiendo el ejemplo de Jesús, nos esforcemos por comprenderla y vivirla, sin dejar de crecer en el amor a Dios y a nuestros hermanos.</p>
<p>La ley ocupaba un lugar muy importante para el pueblo de Israel, la recibió de Moisés y los profetas, y se esforzó por darle un estricto cumplimiento; tanto, que de su obediencia o desobediencia se desprendían la vida o la muerte. Cuando vino Jesús encontró un pueblo que vivía bajo el peso de la ley, sus gentes vivían para hacerse notar por medio del cumplimiento, le habían dado tanta relevancia, que a su lado parecían pequeños el legislador y los legislados.</p>
<p>Jesús vio la necesidad de poner todo en su puesto. Por eso, dijo: <em>“No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud”, </em>y lo hizo dándonos <strong>un mandamiento nuevo, </strong>el mandamiento del amor, que pone en primer lugar a Dios y en segundo lugar a todos sus hijos, dando a la ley el carácter de instrumento útil para conseguir este orden.</p>
<p>La corrección de Jesús es muy clara, no quiere que nos dediquemos a cumplir los mandamientos para que nos vea la gente y nos aplauda, sino que nos pide cumplirlos movidos por el amor a Dios y al prójimo. La plenitud que ha querido darle a la ley va mucho más allá de la letra, no nos podemos conformar con el hecho de no matar a nadie, sino que debemos comprometernos a no causarle ningún mal, y sí en cambio, a brindarle todo nuestro amor.</p>
<p>Es muy importante no cometer adulterio, pero eso es muy poco. <strong>La propuesta de Jesús va más allá, </strong>nos pide respetar totalmente a la mujer, sentir como nuestras todas su necesidades y tener en consideración sus luchas, devolviéndole su dignidad y sus derechos, a la manera en que lo hizo Él con las mujeres que se encontró, según nos cuentan los evangelistas.</p>
<p>Jesús conoció de cerca a los maestros de la ley (y ellos a Él, pues lo seguían para tener de qué acusarlo), dedicaban mucho tiempo a estudiar la ley, la gente los tenía por sabios, los admiraba y respetaba; sin embargo, Jesús chocó con ellos porque utilizaban la ley para aparentar que la cumplían, cuando lo que hacían era descargarla sobre los hombros de los demás sin mover un dedo para cumplirla. Por eso comprendemos que nos haya mandado cumplir lo que ellos enseñan, pero no hacer lo que ellos hacen, y ser mejores que ellos para entrar en el Reino de los Cielos.</p>
<p>Esta enseñanza de Jesús sigue siendo muy actual: esforcémonos por cumplir lo que enseñan los actuales ministros de la Iglesia, pero no tratemos de imitarlos, porque nos pueden llevar al fracaso. <strong>A quien hay que imitar es a Jesús </strong>y aunque parezca extraño, debemos ser mejores que el papa, los obispos y todos los ministros de la Iglesia si queremos entrar en el Reino de los Cielos. En el cumplimiento de la ley, <strong>Jesús es nuestra única referencia</strong>, no tratemos de escudarnos en el incumplimiento de los demás, imitemos a Jesús dedicando nuestro tiempo y nuestros esfuerzos a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Ese es el resumen de la ley.</p>
<p style="text-align: right"><em>Rafael Duarte Ortiz</em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Domingo V del Tiempo Ordinario. 9 de febrero de 2020</title>
		<link>https://www.diocesisbarbastromonzon.org/domingo-v-del-tiempo-ordinario-9-de-febrero-de-2020/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ascen]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Feb 2020 06:35:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexión Dominical]]></category>
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					<description><![CDATA[Documento para descargar: domingo-v-del-tiempo-ordinario Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right">Documento para descargar: <a href="https://www.diocesisbarbastromonzon.org/wp-content/uploads/sites/3/2020/02/domingo-v-del-tiempo-ordinario.pdf">domingo-v-del-tiempo-ordinario</a></p>
<p><strong>Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16</strong></p>
<p>En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:<br />
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?<br />
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.<br />
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.<br />
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.<br />
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».</p>
<p><strong>Palabra del Señor</strong></p>
<hr />
<p>La celebración de este domingo, quinto del tiempo ordinario, nos permite ver lo importante que es el testimonio cristiano en medio de la comunidad universal y la importancia que le da Jesús al comportamiento de cada uno de sus discípulos. Recordamos que Jesús llamó a doce discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles y sobre los que dejó la responsabilidad de continuar su obra; así mismo, recordamos que envió a otros setenta y dos discípulos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos y sobre las enfermedades; en este grupo, nos vemos reflejados todos los fieles cristianos, y para que la presencia de cada uno fuera determinante en medio del mundo, pronunció lo que hoy hemos escuchado. Todos los seguidores de Jesús, sin excepción ni distinción, somos la sal de la tierra y la luz del mundo. Esa es la misión que nos ha dejado el mismo Jesús, y nos la ha confiado sabiendo que tiene una gran importancia, y que del cumplimiento que le demos depende la convivencia de la humanidad entera. Él mismo advirtió el peligro de que la sal se vuelva sosa; es decir, de que nos dejemos llevar por un mundo desabrido y nos unamos a su moda y a su marcha, o que nos dejemos envolver por un mundo que camina en tinieblas y en lugar de ser luz para los demás, ayudemos a que crezca la oscuridad en todos. Con tristeza debemos reconocer que los cristianos nos hemos ido sumando a la marcha de la sociedad sin preocuparnos por ser sal de la tierra y luz del mundo; este enfriamiento no solo ha invadido a los cristianos “de a pie”, de los que nos conformamos con decir que creen, pero no practican, sino que se ha metido en lo profundo de la Iglesia y ha invadido a los cristianos en general, empezando por las altas jerarquías y llegando hasta el último cura de pueblo. Esa es la lectura de la Iglesia que está haciendo el papa Francisco, que profundamente inspirado por el espíritu de Jesús, nos dice: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”. El evangelio de hoy y las palabras del papa nos ponen en grandes aprietos, pero al mismo tiempo nos hacen entender que la misión de cada uno de nosotros es muy grande y muy importante: es en la oscuridad donde se necesita una luz, es en un mudo desaliñado donde se necesita la sal&#8230;, y ese mundo es el nuestro. Y si nos cuesta comprender lo que significa ser luz del mundo y sal de la tierra, el profeta Isaías nos lo muestra de manera inequívoca: lo que Jesús espera de todos nosotros, sus discípulos, es que partamos nuestro pan con el hambriento, que nos ocupemos de hospedar a nuestros hermanos que no tienen techo, que nos encarguemos de proporcionar vestido a los que no lo tienen y que de ninguna manera nos cerremos a nuestros hermanos. El hambre, la desnudez, la falta de vivienda y las demás necesidades básicas por las que pasa gran parte de la humanidad son nuestras y no nos podemos quedar con los brazos cruzados, pensando que somos buenos, sin hacer nada por brindar soluciones.</p>
<p style="text-align: right">Rafael Duarte Ortiz</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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