Lunes, 10 Septiembre 2018 13:59

Alegraos y Regocijaos I - La llamada a la santidad

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B - 08 DE JULIO

En estos cuatro domingos del mes de julio, en el que se sigue publicando nuestra Hoja Diocesana antes del descanso del mes de Agosto, quiero ofreceros algunos pensamientos del Papa Francisco recogidos de su última Exhortación Apostólica sobre “la llamada a la santidad en el mundo actual”. La santidad es el gran don de parecernos a Cristo y el Papa firmó este documento el día 19 de marzo de este año.

Ya os comenté algo de este texto del Papa en mi escrito para vosotros del día 22 de abril, pero ahora quiero ser más concreto. Es verdaderamente un escrito de tono muy positivo y con propuestas concretas que, si lo empezáis leer, ya veréis como os engancha hasta el final. Puedo deciros que, a pesar de que los medios de comunicación no le hicieron un eco tan mediático como a los anteriores escritos, sin embargo, y para alegría de muchos, se ha convertido en un best seller internacional. He leído que el índice que elabora la Nielsen BookScan ha situado esta Exhortación del papa Francisco en el primer puesto de los libros más vendidos en las últimas semanas.

Este es el cuarto gran documento del Papa y, como en los anteriores, nos sigue revelando su pensamiento y su corazón. Como buen maestro, y maestro coherente, habla de lo que siente y vive. Y muchas de las ideas que se vierten en este documento se pueden leer en entrevistas anteriores a ser papa, en homilías suyas cuando era sacerdote jesuita y después obispo, en prólogos que él escribía a libros que se publicaban sobre estos temas, etc. Ahora, como papa, lo que hace es manifestar su vida de siempre con la diferencia importante de que ahora lo hace como maestro y pastor universal para toda la Iglesia y para cuantos quieran escucharle.

Su contenido, bien fundamentado en el Evangelio, está muy adaptado a las circunstancias de la vida de cada día, de hoy mismo, para ti, para mí y para todos. Así empieza su reflexión: “El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”. (n.1) Así, de golpe y para empezar, nos despierta con estos tres calificativos impresionantes y sin desperdicio.  Dios es el primero que te llama a una vida en plenitud y no quiere que lleves “una existencia mediocre, aguada, licuada”.

Desde este comienzo tan concreto y preciso voy a ofreceros en los domingos de este mes, como os he dicho, un resumen de los cinco capítulos en los que está dividida la Exhortación Apostólica del papa. Y ahí tenéis un buen “libro” para leer este verano.

El primer capítulo lleva por título “La llamada a la santidad”. Y nos encontramos desde el comienzo con el claro convencimiento de que todos estamos llamados a la santidad y que esta es la misma y común para todos los cristianos. En su esencia, esto mimo ya lo había dicho con claridad el Concilio Vaticano II. La novedad está solo, pero ya es novedad, en la forma tan actual y concreta de expresar esta afirmación del Concilio.

El papa, y él nos lo dice para que lo sepamos desde el principio,  no va a recurrir a libros de teología para hablarnos de la santidad sino que recurre a todos los que han vivido con santidad, antes que nosotros, y que fueron como nosotros.”Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas. Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor”. (n. 3)

Es muy concreto, y alentador, que el papa nos hable de la santidad de cualquiera y en su día a día: Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad». (n. 7)

Termino hoy con otra idea clave y de gran esperanza. Tenemos que ir a la santidad, nos dice el papa, “cada uno por su camino”. No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para cada uno. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él. Todos estamos llamados a ser testigos, pero «existen muchas formas existenciales de testimonio» Porque la vida divina se comunica «a unos en una manera y a otros en otra». (n.11)

Con mi afecto y mi bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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