Lunes, 10 Septiembre 2018 14:05

Alegraos y Regocijaos III - A la luz del maestro

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B - 22 DE JULIO

Comentaros en este domingo de julio, en pleno verano, el tercer capítulo de la Exhortación del papa sobre “la llamada a la santidad en el mundo actual” es una alegría para mí. Veréis. Leyendo este capítulo nos encontramos con  las propias palabras de Jesús que nos explicó con toda sencillez qué es ser santos y lo hizo, nos dice el papa Francisco, cuando nos dejó las bienaventuranzas. De una manera que algunos han considerado original y genial, en esta Exhortación el papa sitúa el contenido fundamental de la santidad cristiana en la práctica de las bienaventuranzas y en la realización positiva del juicio final, lo que él llama “el gran protocolo”,  tal como nos lo presenta el evangelio de san Mateo en su capítulo 25, vv.31-46.

Nos dice el papa que puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad pero que, al final, nada es mejor que ir a encontrarnos con las palabras de Jesús. Si alguno de nosotros se plantea la pregunta: ¿”Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?”, la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en el día a día de nuestras vidas. (n. 63). La palabra “feliz” o “bienaventurado”, pasa a ser sinónimo de “santo”, porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera felicidad. (n. 64).

Os invito a su lectura reposada y quedaréis fascinados por la densidad que tienen las bienaventuranzas y cómo el papa nos las concreta de manera muy clara en la vida de cada día. Os ofrezco una síntesis con el final de cada una que se repite como si fuera un ritornelo musical:

1.- Felices los pobres de espíritu… (nn.67-70). “Ser pobre en el corazón, esto es santidad”.

2.-  Felices los mansos…  (nn.71-74). “Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad”.

3.- Felices los que lloran… (nn.75-76). Saber llorar con los demás, esto es santidad.

4.- Felices los que tienen hambre y sed de justicia… (nn.77-79). Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.

5.- Felices los misericordiosos…  (nn.80-82). Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad.

6.- Felices lo de corazón limpio… (nn.83-86. Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad.

7.- Felices los que trabajan por la paz… (nn.87-89). Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.

8.- Felices los perseguidos por causa de la justicia… (nn.90-94). Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.

 

Y añadido de manera lógica y necesaria al contenido de las bienaventuranzas, el papa nos propone la orientación moral de nuestra vida a partir de lo que él llama el Gran protocolo del juicio final (Mt 25, 31-46), (nn.95-109). Este texto de San Mateo tiene un fuerte contenido moral y misionero. El papa pone de relieve que la santidad va inseparablemente unida con la caridad y la justicia. En definitiva es lo del Evangelio: amar a Dios a través del amor al prójimo, especialmente si este pasa cualquier clase de necesidad.  En estos números de la Exhortación nos resuena la sensibilidad del papa hacia los pobres y los descartados de la sociedad revelando que la fe es coherente si es ética, es decir si es moral actuando con caridad y justicia de frente a las necesidades del prójimo.

Y el papa aprovecha este momento para subrayar el «nudo político global», como él lo ha definido, de los migrantes, que, lamentablemente, «algunos católicos» consideran como «un tema secundario al lado de los temas “serios” de la bioética» (Núm. 102) Es verdaderamente relevante, y hay que tenerlo muy en cuenta, que el tema de las migraciones sea insertado como un tema primario en una Exhortación Apostólica  sobre la santidad.

El papa quiere ayudarnos a superar dos tentaciones que pueden acecharnos hoy a los cristianos:

La primera es separar el compromiso social de lo espiritual, porque el cristianismo no es una ONG. De esta unidad entre fe y caridad nos dan ejemplo los santos y así lo vivieron. Y hace referencia, significándolos como ejemplos luminosos, a san Francisco de Asís, a san Vicente de Paúl y a santa Teresa de Calcuta.  (Núm. 100)

Y la segunda es considerar el compromiso social como algo secularista y superficial que no va con la fe y que sólo hay que proponer una determinada visión espiritual de la vida.

El papa nos dice que el contenido esencial de la espiritualidad cristiana, en definitiva de la santidad, consiste en la integración de las Bienaventuranzas con el Gran protocolo de Mt 25,31-46.

El mismo papa nos hace el mejor resumen en el último número de este tercer capítulo: “La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final. Son pocas palabras, sencillas, pero prácticas y válidas para todos, porque el cristianismo es principalmente para ser practicado, y si es también objeto de reflexión, eso solo es válido cuando nos ayuda a vivir el Evangelio en la vida cotidiana. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices”. (núm. 109)

 

Con mi afecto y mi bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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