Sábado, 08 Julio 2017 22:20

Cada joven, un verdadero “diamante en bruto” 2ª parte

Como os decía la semana pasada, esta reflexión mía continúa en esta semana  teniendo en el horizonte el Sínodo de Obispos que con el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” quiere celebrar el Papa Francisco en el mes de octubre del año que viene. Ya se van preparando cuestionarios que pueden ir contestando los jóvenes. Los jóvenes son sinceros y libres para contestar y estoy seguro de que las respuestas a esos cuestionarios han de ayudar al papa y a los obispos a centrar bien los temas que se vayan a tratar en ese Sínodo de obispos. También en nuestra diócesis se está trabajando, desde la delegación diocesana de pastoral juvenil, para preparar y colaborar con esa importante reunión. Por mi parte, animo a todos a colaborar también con las iniciativas que proponga la delegación de pastoral juvenil porque la vida de los jóvenes, su evangelización y su puesto en la sociedad nos interesa mucho a todos.

En mi escrito de la semana pasada os ofrecía un buen puñado de preguntas que surgieron en esa oración de final de curso que tenían preparada un grupo de jóvenes cristianos de Zaragoza en la parroquia del Perpetuo Socorro.  Como os dije participé en ella y desde esa experiencia continúo hoy mi reflexión con todos vosotros.

Terminaba mi reflexión la semana pasada diciendo que los jóvenes son un verdadero diamante. Aunque por fuera puedan tener apariencia de «pedrusco» por dentro siempre siguen siendo un «diamante» en «bruto». Bastaría sólo con tallarlo.

Desde este convencimiento, mi único y verdadero anhelo, es que cada joven llegue a descubrir que el tesoro más preciado está en su interior, Dios mismo. Intuyo que la tarea de los padres, de la familia (sobre todo la de los abuelos), de los educadores, de los catequistas, de los sacerdotes… incluso la mía como obispo, es muy humilde pero al mismo tiempo necesaria: ayudarles a descubrir y liberar de su interior la piedra preciosa que se halla incrustada en su corazón. Y una vez liberada, tallarla, esculpirla, modelarla… para que, independientemente de la forma que adopte, pueda brillar con luz propia. Esto es, acertar a discernir lo que es fruto del EGOÍSMO o del AMOR DE DIOS.

¡Cuántos jóvenes, en nuestros ambientes, «se pierden» desgraciadamente por creerse los «reyes del mambo»!, es decir, por sentirse autosuficientes, no necesitados de ayuda ni consejo. Lejos de ser más libres y auténticos, a medida que pasa el tiempo, se descubren más frágiles, vulnerables y dependientes porque son los otros los que realmente «le viven la vida». Le hacen creer lo que ellos quieren que vivas, creas o sientas… a cambio de unas migajas de «satisfacción» que muchas veces lo pagan muy caro, incluso con su propia vida.

La oración de los jóvenes que os estoy comentando y que me ha servido para escribiros  esto, terminaba con un rato largo de adoración eucarística donde se invitaba, a los jóvenes que quisieran, a depositar la corona a los pies del Señor y escribirle al «REY DE REYES» una carta donde expresaran su pesar por haber aceptado tantas veces «coronas de hoja de lata»; donde reflejaran su gratitud por la paciencia y  comprensión que el Señor seguía teniéndoles; y donde manifestaran que Él es su única y verdadera corona, aunque a veces lo olviden o se equivoquen. A diferencia de las coronas que los demás puedan colocarles, ésta siempre proporciona alegría y paz interior. Lo más sublime, que sólo perciben los humildes y sencillos, es percatarse del modo de ser y de actuar de nuestro Rey: sin ostentación, poniéndose en nuestro lugar, haciéndonos partícipes de su mismo reinado, que se visibiliza amando y sirviendo a los demás hasta dar la vida por ellos.

Os invito a que introduzcáis en casa este «juego de coronas» con vuestros hijos. Será una oportunidad inigualable para poder escucharles y dialogar. Se pueden cambiar las preguntas. Y si alguno lo desea, estoy dispuesto a «jugar» en familia con unos y otros.

Con mi afecto y mi bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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