Viernes, 26 Enero 2018 10:03

El Cruzado Aragonés, un "milagro" semanal.

IV DOMINGO - JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA

CICLO B - 28 de enero de 2018

Cinco mil «milagros» en ciento quince años de vida… ¡se dice pronto…! Enhorabuena a todos los que somos parte de esta gran familia del Cruzado Aragonés, los de ayer y los de hoy, por esas cinco mil bocanadas de esperanza exhaladas sobre nuestra tierra.

¡Parece mentira…! ¡Cuántos ríos de tinta han corrido, grabando a sangre y fuego la historia, la vida, las costumbres… de nuestra ciudad, de nuestra comarca! ¡Cientos de miles de páginas impresas primero por el taller de Pedro Santorromán, después Corrales, después Miguel Hecho y hoy «Gráficas Barbastro», con quien el periódico ha andado buena parte de su camino; una larga historia actualmente digitalizada por Luis Velilla, técnico informático, para poder perpetuar así nuestra memoria.

¡Gracias, en primer lugar, a los suscriptores y lectores asiduos, por vuestra fidelidad, por vuestra libertad, por vuestra altura de miras, por vuestra independencia… que hacéis posible que se produzca un «milagro» cada semana, al ver la luz otro número del Cruzado Aragonés! ¡Gracias, de igual modo, al Patronato, al equipo de dirección y a sus trabajadores, de hoy y de ayer! Sólo ellos saben, con los medios precarios que disponían, los nervios que tenían que hacer cada miércoles o jueves para cerrar y que, antes el sábado y hoy el viernes, pudiera llegar «fresca» la verdad que «cantan», aunque a veces duela.

Si largo y, a veces, tortuoso ha sido el trayecto recorrido, más fecundo, si cabe, tiene que ser el camino que nos queda por recorrer. ¡Felicidades por sembrar de esperanza cada semana esta tierra que nos vio nacer!

Al tomar el pulso a nuestra Diócesis, justo cuando se van a cumplir los tres años de mi ordenación episcopal, me gustaría tener la audacia que tuvo  hace 65 años Mons. Pedro Cantero Cuadrado, obispo de la Diócesis, además de periodista, de reabrir la segunda época, con el título de «El Cruzado Aragonés. Semanario Católico del Alto Aragón».

Puestos a soñar, permitidme, aunque yerre, enumerar los tres desafíos que compartí con el Patronato en la última reunión:

Apostar por una línea editorial nítida e independiente. También en Aragón tenemos profesionales cristianos que son capaces de hacer una lectura crítica y constructiva de la sociedad, ofreciendo un modo alternativo de ser felices viviendo los valores del Evangelio. Que afronten clara y crudamente los verdaderos problemas de nuestra gente, p.e. el envejecimiento de nuestro pueblo, la despoblación de nuestras tierras, la falta de oportunidades de nuestros jóvenes, la mayor dignidad e igualdad de oportunidades a nuestras mujeres, etc;

Ofrecer en versión digital nuestro semanario para que los jóvenes puedan acceder e intervenir activamente en el devenir de la historia, cultura, costumbres, tradiciones, religiosidad… de nuestro pueblo;

Seguir haciéndose eco del proyecto evangelizador diocesano para poner en «clave de sol-misión» a todo el Alto Aragón, motivando e implicando a cada uno de sus hijos a poner al común lo mejor de sí mismos. Este proyecto humanizador-divinizador, impulsado por un equipo potente que supiera hacer converger, sumar «sinergias» de todos los Medios (prensa, radio tv, redes sociales…) impulsaría el cambio de chip que nos está exigiendo el tiempo que nos está tocando vivir. Y que ninguno hace pie, todavía.

Animo a suscribirse a todos los creyentes que quieran ser verdaderos «mensajeros» de esperanza en la Diócesis. Me gustaría que se rompiese la barrera comarcal y el Cruzado Aragonés pudiese llegar a todos los rincones de nuestra Diócesis, ojalá también de las otras. Una forma sencilla pero fecunda podría ser que cada suscriptor, una vez que lo ha leído, lo pase a uno de sus amigos. Mejor todavía si le regala uno nuevo. Sería como la «siembra de Dios» que esparces en tu tierra, tu manera humilde y sencilla de visibilizar que otro mundo es posible, donde los valores del evangelio son el cristal con que el Cruzado trata de analizar críticamente nuestra vida y nuestra historia.

Ojalá, desde el cielo, dentro de unos años, cuando lleguen al 10.000 pueda comprobar que el sueño e ilusión de aquel «aprendiz de pastor» no estaba tan errado.

Con mi afecto y bendición.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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