Jueves, 24 Enero 2019 11:04

Hoy se cumple esa escritura

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C - 20 DE ENERO

Lucas abre el ministerio profético de Jesús, no con una llamada a la conversión, sino con una buena noticia: «la liberación del ser humano». Jesús se ha comprometido con nosotros. La finalidad del anuncio del Reino es la salvación integral, es decir, la liberación de todas sus esclavitudes. Unas, fruto del pecado personal y otras del pecado social al violar la dignidad de la persona y sus derechos humanos básicos: su vida, su educación, su libertad ideológica y religiosa, su trabajo y su salario, su familia, su alimentación y su vivienda.

Celebramos justamente este domingo la infancia misionera: En Belén fue donde estalló, como dice el Papa Francisco, la alegría del evangelio. Nos toca ahora a nosotros contagiarla a todos los hombres y mujeres del mundo. Los niños son también misioneros activos porque ellos son los que mejor entienden lo que significa el amor y no se cortan un pelo si hay que denunciar proféticamente la opresión o la explotación a la que a veces se ve sometida la humanidad.

La obra de la liberación humana, la causa del hombre, bien lo sabemos, no se logra sino a base de amor y de perdón, de tolerancia y de libertad, de respeto a la dignidad de su persona, de servicio a la verdad y a la vida, de promoción del pobre y del desvalido, de fraternidad y de solidaridad espe­cialmente con los más humildes. En una palabra, practicando las bienaventuranzas que nos ofreció Jesús.

Toda denuncia profética, todo compromiso y toda lucha cristiana por la liberación del ser humano, excluye, como nos mostró el Señor, el odio y la violencia. Mediante el amor a los hermanos hemos de testimoniar, en primer lugar, que nosotros estamos liberados de todo lo que es pecado, maldad y corrupción; libres de la tiranía creada por el egoísmo, la soberbia, el dinero, la ambición… En segundo lugar, tenemos que conseguir la liberación integral de los demás compartiendo nuestro pan con los hermanos más necesitados y comprometiéndonos a fondo perdido con la justicia social, con la convivencia cívica y con los derechos humanos. Y finalmente hemos de hacer todo esto con alegría generosa porque «el gozo en el Señor es nuestra fortaleza».

Con mi afecto y mi bendición.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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