Sábado, 18 Marzo 2017 21:56

¡Nuestra "orquesta" diocesana, se va rejuveneciendo y afinando poco a poco…! Parte I

 

 

19 de marzo de 2017 (I Parte)

 

¡Nuestra "orquesta" diocesana, se va rejuveneciendo y afinando poco a poco…!

 

 

En septiembre de 2015, al iniciar el nuevo curso, medio año después de mi ordenación episcopal, os animaba a hacer realidad el "sueño de Dios" en nuestra Diócesis: formar una única y gran "orquesta". En ella Dios ya contaba con 'director', Jesucristo, y con 'partitura', la Palabra de Dios. Nuestro gran desafío iba a consistir en integrar en ella a todos los 'instrumentos', esto es, a cada uno de los hijos del Alto Aragón.

En la "orquesta de Dios", constituida también por tres grandes familias: laic@s, consagrad@s y ministros ordenados, cada persona, como si de un instrumento se tratara, tenía que descubrir su 'timbre' característico, es decir, su vocación, cultivar y desarrollar su propia singularidad y potenciar su complementariedad personal y familiar:

la familia de l@s laic@s, colocada en el corazón del mundo, llevaría a cabo su tarea evangelizadora a través del ámbito familiar, laboral, cultural, económico, político, social… tratando de integrar así la fe y la vida.

la familia de l@s consagrad@s, llamad@s a ser parábola del Reino, signo de que Dios es el único absoluto, trataría de vivir en el día a día su seguimiento radical como lo hiciera el Señor, en pobreza, castidad y obediencia.

la familia de los ministros ordenados (obispo, sacerdotes y diáconos si los hubiera), identificada con Cristo buen Pastor que no vino a ser servido sino a servir, que partió el pan y se dejó partir entregando su vida por nosotros, que estuvo al lado de los más débiles y necesitados… tendría la misión de convocar, vertebrar y presidir la comunidad cristiana.

Aunque no siempre resulte fácil conseguir que cada uno descubra y escuche la "música" que resuena por dentro, no íbamos a tener ya coartada posible ni podríamos lamentarnos por más tiempo… Dios no nos ha abandonado. Él sigue llamando y adornando a cada uno de sus hijos del Alto Aragón con multitud de gracias y cualidades para que compartiéndolas, lográsemos construir un hogar (una Diócesis) habitable y pudiésemos ser felices, libres y fecundos. Bastaba con que cada uno descubriese y decidiese, libre y responsablemente, "desde dónde" quería seguir, amar y servir al Señor.

El mejor termómetro de nuestra autenticidad sigue siendo la alegría y la paz interior. La plenitud de sentido y de vida, su fruto más preciado. Aunque los frutos, para algunos, puedan ser todavía exiguos, me siento muy orgulloso de ser vuestro "pastor" porque percibo cómo nos está bendiciendo el Señor, incrementando el número de 'instrumentos' que se van integrando, rejuveneciendo y afinando las diferentes familias que componen nuestra humilde "orquesta diocesana".

 

 

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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