Martes, 04 Diciembre 2018 10:41

¡Os daré un corazón nuevo! (Ez 36,26)

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B - 18 DE NOVIEMBRE

El día 11 de noviembre el diácono Oscar Vives Gallardo recibió la ordenación sacerdotal de manos del obispo diocesano. En esta página, y en la última, publicanos la homilía de nuestro obispo en esa celebración.

 

¡Os daré un corazón nuevo!  (Ez 36,26)

El día de la Iglesia Diocesana ordené de presbítero al joven Oscar Vives en la catedral de Barbastro. Por petición de varios os comparto lo que aquella tarde dije a los que llenaron la iglesia madre y participaron en tan bella y sentida celebración:

 ¡Gracias, Óscar, por ofrecer tu vida para trasplantar en la nuestra el corazón de Dios! ¡Qué orgulloso tiene que sentirse, desde el cielo, tu padre Mariano! Tu madre Manuela, tus hermanos Mercedes, Montse, Mari Carmen, José, tus cuñados y sobrinos, a los que tanto quieres y tanto debes, están emocionados hoy contigo. Al igual que lo están tus paisanos con su alcalde a la cabeza. No es para menos que un hijo de Zaidín haya sido agraciado con tan excelso don. Pero los que flipan de verdad son los de tu «quinta» que, aunque no frecuentan estos lugares, hoy han querido compartir contigo este momento tan significativo en tu vida. ¡Quién se lo iba a decir, verdad…! Aquel joven alegre, un poco «macarrilla», inquieto, travieso, descreído… que se sentía el «rey del mambo» con cuatro euros en su cartera, que recorría bares y discotecas, ansioso como cualquier joven de hoy que anhela con llegar a ser feliz… Lo más fuerte es que Dios se fijara precisamente en ti Óscar para que ningún joven de nuestra Diócesis se pueda perder y lleguen a descubrir en Dios una hermosura interior de la que nadie les habla y que realmente plenifica el corazón.

Antonio Vera, tu cura, enseguida notó algo especial en aquel muchacho de mantenimiento del ayuntamiento. Tu sensibilidad, tu bondad, tu sencillez te delataron. Descubrió un corazón que vibraba y se conmovía. Le bastó mostrarte de cara a Jesucristo. Él hizo el resto. El ejemplo de los santos, a través de las películas, te ayudaron a discernir. San Francisco y San Agustín, santos tan vividores como tú en su juventud, te llegaron a tocar el corazón. Su radical conversión y su entrega generosa a los más desfavorecidos te conmovieron. La ayuda del hermano Agapeto y las hermanas de Sijena fueron la mediación privilegiada para que Dios trasplantara tu corazón petrificado por la vida en un corazón de carne, humano, sencillo, sensible, tierno y generoso. Cuando llegó el momento oportuno te presentó a tu obispo, Don Alfonso. Años más tarde conocerías también a Don Juan María. Los dos han querido venir a acompañarte. Y poco a poco la idea de ser cura fue cuajando en tu corazón. Aquellos años, para qué vamos a engañarnos, fueron duros y difíciles pero han sido los que más te han ayudado a madurar. Agradecemos a toda la comunidad del Seminario Mayor y Menor de Zaragoza (con el vicerrector a la cabeza, los formadores, los compañeros y el personal no docente), al Director del CRETA y varios profesores, a los sacerdotes de la Diócesis, especialmente a Paco Cabero, tu Rector, a las diferentes comunidades cristianas a las que has servido en Binéfar, Monzón y Fraga, con Miguel Luis, el alcalde, con tu flamante equipo pastoral de vida y trabajo, Carmensa, Gustavo y Jaime, a tus scouts del alma… Hoy estamos a tu lado para dar gracias a Dios porque ha ido modelando tu corazón para que puedas encender el de los demás.

Tenía razón Paul Claudel en su preciosa obra la Anunciación: «No concierne a la piedra elegir su lugar en la construcción sino al Maestro de obra que la eligió». Ha sido el Señor quien por pura gracia te ha escogido y te ha adornado con cualidades inigualables para que servir a los hijos de este rincón del Alto Aragón. Y como Francisco o Agustín, has querido elegir un modo de servir audaz, provocador y no menos comprometido, siendo sacerdote, es decir:  

 

1.- siendo contestatario silencioso en nuestra sociedad consumista (Cfr.Mt 6, 22-34).

 Hoy nos hemos creado tantas necesidades innecesarias sin tener en cuenta que junto a nosotros hay otros muchos que no tienen ni siquiera lo imprescindible para vivir (sueldo, empleo, asistencia sanitaria, educación para sus hijos, una vida digna…). Este mundo consumista necesita ser contestado por personas como tú que sepan distinguir lo necesario de lo superfluo y ofrezcan una resistencia positiva al consumismo insolidario

2.-  “siendo promotor de relaciones gratuitas (Cfr. Lc 14, 16-18.21)

 Cuando hoy todo se vive bajo una relación contractual, de engaño y de provecho propio… necesitamos personas como tú que sirvan sin pedir nada a cambio, estando disponibles para quienes lo necesiten o lo busquen. Necesitamos personas de confianza que insuflen en la sociedad un suplemento de humanidad

 3.- siendo generador de solidaridad y unidad (Cfr.Mt 9, 35-37)

 Ante una sociedad divida y enfrentada que se parece a una selva más que a una familia, ante una sociedad cada vez más intolerante e intransigente que confunde al diferente con el enemigo, como cura serás hermano de todos, respetarás las diferencias, serás signo de comunión y de solidaridad, de unidad en la diversidad

 

4.- Siendo impulsor de esperanza (Cfr. Mt  11, 28-30)

 Nuestra sociedad está tocada por el desencanto y la desesperanza. Muchas personas no encuentran la razón para vivir, ni para amar, ni para trabajar por un mundo más justo donde se recupere la dignidad del ser humano. Tengo la convicción de que Jesús de Nazaret sigue siendo necesario en el mundo y que su Evangelio (Buena Noticia) tiene vigor y gancho para estimular las ganas de vivir, la esperanza y la alegría dormidas en el corazón del hombre. La mayor estafa que podríamos hacer al mundo es dejar de ofrecerle por comodidad o por complejo esta buena noticia de nuestra fe. Como cura serás signo de esperanza con su anuncio salvífico de liberación: ¡Dios no hace basura! Y con su utopía, hecha realidad gesta la fraternidad.

 5.-Siendo rebelde contra la idolatría sexual (Mt. 19,12)

 La castidad, como decía José María Cabodevilla, no es ausencia de mujer sino plenitud de Dios. Hoy vivimos en un mundo tan erotizado que creemos que renunciar al amor sexual significa renunciar a la vida. Nadie puede vivir sin amar y menos sin ser amado pero hay muchas formas de ser fecundo. Uno renuncia a ser esposo y padre para poder ser, de otra manera, hermano y amigo de muchos y amar a todos. Así es como establecerás unas relaciones de proximidad amorosa, no erótica, no de dominio sino de amor solidario con los que no son amados o no pueden amar.

 6.- Siendo testigos de valores trascendentes (Mt 10, 26-28)

 Ante el triunfo de la tecnología nos sentimos fascinados pero al mismo tiempo más enganchados, atrapados, acorralados… Nos hace vivir a ras de tierra. Hay jóvenes que quizá no son conscientes de este drama. Pero otros se sienten ahogados, oprimidos, entre afanes inmediatos y visiones miopes que se agotan en lo inmediato, lo material y lo terreno. Querrían gestar un mundo donde se primen los valores del espíritu: la generosidad sin límites, la entrega alegre, la abnegación solidaria, la autenticidad, la honradez, la coherencia. Como cura nos ayudarás a mirar más alto y más profundo, a descubrir las coordenadas invisibles de nuestra existencia, a trascender la vida. Serás testigo de un mundo alternativo donde primen los valores superiores.

Y estos jóvenes, ¿sabéis donde están? En vuestros hogares. Tienen nombres. Yo conozco a varios: Rodrigo, Juan, Doriam, Jorge, Nacho, Carlos, César, Ignacio… Hacedles descubrir que ser sacerdote sigue siendo una de las formas más bellas de llevar la ternura de Dios al corazón del mundo, de encarnar los ideales que tiene cualquier joven, es una de las formas de autorrealizarse como persona, de ser verdaderamente fecundo, libre y feliz.

Gracias Óscar por ofrecer tu vida como testigo alternativo de un mundo nuevo, como fermento de esta nueva humanidad que tenemos que construir entre todos.

Al terminar la homilía hice salir al presbiterio a los seminaristas menores de las Diócesis de Aragón para visibilizar que son jóvenes como vuestros hijos, de carne y hueso, con las mismas inquietudes e ilusiones. Y les regalé una mochila con el logo de #apóstoles de calle. Además se llevaron un fortísimo aplauso.

Con mi afecto y mi bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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