Jueves, 05 Octubre 2017 11:08

¿Quién podrá sanar mi "corazón partío"?

DOMINGO VIGÉSIMO SÉPTIMO

CICLO A - 08 de octubre de 2017

Ante la insistente demanda, por parte de muchos cristianos de Monzón, de que publique íntegra en «Iglesia en Aragón» la homilía pronunciada el día de San Mateo, acedo a ello únicamente por si, de forma análoga, pudiera constituirse vuestr@ propi@ patron@ como paradigma de la humanización-divinización de cada uno de los pueblos de nuestra Diócesis.

¿Quién podrá sanar mi «corazón partío»? (1)

¡«Ya lo ves, que no hay dos sin tres», como canta Alejandro Sanz, en su emblemática canción! «Que la vida va y viene (…) Miénteme aunque sea, dime que algo queda (…) Para qué me curaste cuando estaba herido. Si hoy me dejas de nuevo con el corazón partío ¿Quién me va a entregar sus emociones? ¿quién me va a pedir que nunca lo abandone? ¿Quién me va a curar el corazón partío»?…! Permitidme que alce mi voz, en esta mañana, para que sea San Mateo, vuestro patrono, quien os cuente, de corazón a corazón, a todos los montisonenses, más allá de vuestras creencias o ideologías, cómo fue aquel encuentro con Jesús, el Maestro, que logró cambiar su vida y sanar su corazón herido.

«Como muy bien sabéis, me llamo Leví, hijo de Alfeo. Fui publicano, esto es, el que recaudaba los impuestos para Roma. No gozaba de muy buena reputación entre mis paisanos. Me tachaban de ladrón y corrupto, de servil y traidor... hasta que un día, todo cambió en mi vida. Lo recuerdo perfectamente. Estaba sentado detrás del mostrador de impuestos. Y de repente, pasó un hombre que me «fascinó», rodeado de muchísima gente. Me miró. Me llamó por mi nombre. Y me invitó a seguirle. Y como si hubiera tenido un muelle en la silla, me levanté inmediatamente y le seguí. No me preguntes por qué. A los pocos días, hice una fiesta en mi casa con mis amigos, de tan mala reputación como la mía, y me sorprendió que Jesús no sólo participara sino que se sintió muy cómodo con todos los comensales. Creo que, más de uno, quedó también conmovido como yo. Entonces comprendí que Jesús había venido para sanar el corazón de todos.

En el grupo de Jesús todos me conocían como Mateo. Ahora me entero que Mateo significa: «don de Dios». El don, el regalo más preciado, sin duda, fue el suyo, haberme regalado su confianza y su amistad. Haberme devuelto la dignidad como persona, como hijo de Dios y haberme invitado a ser su colaborador, «apóstol de calle». Por mi parte, traté de ser coherente y durante quince años estuve predicando en Judea donde escribí el Evangelio, allá por los años 80. No tuve vergüenza en anunciar abiertamente a todos que Jesús era Hijo de David, hijo de Abrahán… el que había llevado a plenitud el Antiguo Testamento.

En ello me fue la vida. La doy por muy bien empleada. La Iglesia me recuerda como apóstol y evangelista. Celebra mi fiesta el 21 de septiembre. Y mis restos se conservan, según la tradición, en Salerno (Italia).

El Evangelio, la buena noticia que ofreció Jesús de Nazaret a la humanidad, y que yo os prediqué, sigue siendo todavía hoy el proyecto de humanización y felicidad más completo e integral. Bastaría con que cada uno lo encarnase en su vida cotidiana, tratando de vivir el amor y la justicia (caridad política) para poder hacer frente al empobrecimiento y la deshumanización, la soledad y el desgarro interior que viven tantas personas.

Esta es la «gran locura de amor» que nos sigue convocando cada año a los montisonenses en la Concatedral para festejar y celebrar el don de Dios que fue el regalo de su Hijo Jesucristo. Si la memoria no me falla, en Monzón me propusisteis como vuestro patrón. También tuvisteis que sufrir como yo incomprensión y rechazo. Pero vuestra historia está jalonada por la fidelidad de un pueblo que ha sabido reconocer en Jesús, el corazón de Dios. Allá por el siglo XI, en concreto el 24 de junio de 1089, tuvo lugar la conquista de la ciudad por el rey Sancho Ramírez. En el siglo XIII existían en la villa de Monzón un convento de Franciscanos (de gran relevancia), hoy restaurado por completo, sede del actual Conservatorio de música; y otro de Trinitarios. Los Dominicos llegaron en el siglo XVI. (Barrio de Sto. Domingo). Las Clarisas llegan por petición expresa de la villa, cosa insólita en cualquier otra fundación, el 2 de octubre de 1618. Providencial coincidencia, celebraremos este curso el cuarto centenario de su llegada. Sta. Bárbara es su patrona porque se recobra la villa a los franceses el 4 de diciembre de 1643, de aquí la fiesta del BAUTIZO del ALCALDE que todavía se rememora cada 4 de diciembre, año tras año en la Plaza del Ayuntamiento. Existían las ermitas de San Vicente y Sta. Quiteria, entre otras, que fueron construidas por los fieles bajo la dirección de los Jurados y dos canónigos. La ermita de la Alegría edificada o reedificada a devoción del rey Jaime I (educado en el castillo por los templarios), como favorecido por Nuestra Señora en el tiempo que estuvo en el Castillo, dejando su Patronato o dominio de la ermita a favor del Concejo de esta villa de Monzón. Después, llegaron las hermanas de Santa Ana y los Salesianos, que tanto han contribuido en la formación humana y cristiana de nuestra ciudad.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

(Seguiremos en la siguiente Hoja diocesana, que será la del domingo, 22 de octubre). 

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