Miércoles, 25 Abril 2018 13:14

"Ser santo", ¡anda ya! ¡de qué vas!

IV DOMINGO DE PASCUA - 22 de abril

Hace varios meses, conversando con una adolescente, recibí una de las lecciones más significativas de mi vida. Después de compartir la delicada situación que estaba viviendo en casa, donde sus padres acababan de separarse, su falta de concentración en los estudios, su gran ansiedad e irritabilidad… se echó a llorar diciéndome:

–Ángel, ¡no me quiere nadie! En casa soy un estorbo y mis amig@s me ignoran. Hoy sólo me han clicado cinco «I like it» (me gusta) en Facebook.

Nunca había reparado que el contador «me gusta» de Facebook fuera el termómetro más fiable para medir el cariño o la relevancia de las personas. Al terminar la entrevista abrí mi Facebook y estuve clicando «me gusta» a td@s los que me habían escrito aquel día. No quería ser causa de baja autoestima de nadie ni de cualquier incipiente depresión.

Bromas aparte, la trasparencia y sinceridad de aquella muchacha me ayudó a dar con la clave de lo que realmente significaba «ser santo», o lo que es lo mismo, «ser feliz», «vivir en GRACIA», «sentirse pleno, fecundo, libre…» Y me imaginé a Dios, desde el cielo, en su Facebook, con miles de millones de amig@s, clicando los 365 días al año, incluido el bisiesto, las veinticuatro horas del día, a cada uno: «me gusta», «te quiero», «me siento orgulloso de ti», «eres mi hijo amado»... para que logremos entender de una vez por todas que la dignidad de la persona humana, aunque algunos traten de usurpártela o mancillarla, es un regalo inmarcesible que Dios nos otorga a cada uno de sus hijos. Y tu nombre, aunque lo ignores, está escrito eternamente en su corazón.

Cuando leí hace unos días la Exhortación Apostólica «Gaudete et exsultate» («alegraos y regocijaos») del Papa Francisco, al que se le enrasaron los ojos fue a mí. Ser santo, según refiere el Papa, está al alcance de tu mano y de la mía… aunque muchos exclamen: «¡anda ya!» «¡de qué vas!» Basta, refiere el Papa Francisco, con que aciertes a conectar con Dios, es decir, a entrar en relación personal con Jesucristo. Él es quien ofrece a cada persona, hoy igual que ayer, plenitud de sentido en su vida, autenticidad, alegría, libertad, creatividad, fecundidad, sinceridad, felicidad… Son los valores que Él mismo encarnó en su vida. Y que siguen siendo tan actuales como necesarios hoy día.

Esta es la apasionante tarea que nos ha confiado el Señor a los sacerdotes, ofrecer a cada persona su «contraseña» para que se pueda conectar con Dios. Por si alguno la hubiese perdido o no se acordase, le ofrezco la que nunca me falla: «angelperezpueyo [AT] setumismo [DOT] siempre» Imagino que bastará con cambiar mi nombre por el suyo. Desconozco si a los más alejados o a quienes reniegan de Dios también les pueda servir. ¡Probadlo! Y me decís. ¡Ojalá lográsemos soñar entre todos un mundo de santos de carne y hueso, como propugna el Papa, coherentes, auténticos, evangélicos, como Dios nos creó…! Y logremos entender que no podemos conformarnos con menos. Que tenemos que apostar por la excelencia. Que tenemos que hacer visibles todas las gracias con que Él nos ha adornado por dentro y por fuera. Muchas personas están tan preocupadas por ir al gimnasio para ganar musculación que, sin embargo, no reparan que tienen flácido el corazón y fofa el alma. O que el lugar privilegiado para encontrarte con Cristo siempre será el más desheredado, tu próximo (prójimo).

Al tratar de soñar la santidad de nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón, regada por la sangre de tantos mártires, venía a mi mente la historia de aquel jefe de una tribu india que, gravemente enfermo, llamó a sus hijos y les dijo: «Subid a la montaña santa. Quien logre traerme el mejor regalo me sucederá como jefe. Al atardecer, el primero de sus hijos le trajo una flor que era única en su especie. El segundo le entregó una hermosísima piedra multicolor. Y el más pequeño le confesó muy apenado: Padre, no he podido traerte nada. Desde la cumbre de la montaña divisé en su otra vertiente maravillosas praderas y un lago cristalino. Quedé fascinado pensando en ese nuevo emplazamiento para nuestra tribu. Se echó la noche encima y tuve que regresar con las manos vacías. Tú serás quien me suceda, hijo mío, replicó el padre, porque me has traído el regalo más hermoso, la visión de un futuro mejor para nuestro pueblo.

El mejor regalo que el Señor nos podría hacer, como fruto de esta Exhortación Apostólica que iré desentrañando en las próximas semanas, sería que nos ayudase a entender cómo la santidad de sus hijos se cristaliza más que en un modo inflexible de actuar en la manera de ser y de vivir con coherencia los valores del Evangelio.

Que la llena de GRACIA, bajo cuya protección está puesta nuestra Diócesis, nos ilumine y nos guíe para llegar a ser santos.

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

Tweet

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto