Jueves, 07 Junio 2018 10:47

"Siémbrate", con tu vida podrás mejorar el mundo

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - 3 de mayo

Cuando llegué a Roma por primera vez me llamó muchísimo la atención el nombre que los italianos daban a los hermanos de san Juan de Dios: «fatebenefratelli». Según la tradición, en la primera época, al terminar la jornada en el hospital de la «isola Tiberina», después de atender a los ancianos y enfermos, recorrían la ciudad pidiendo limosna. Hacían sonar una campana y gritaban a los cuatro vientos: «¡fate bene fratelli!» (¡haceos bien hermanos…!), es decir, ayudadnos si queréis que mañana os podamos ayudar, cuidar o atender. Esta imagen conmovedora me evoca ahora una propuesta, aunque humilde, muy audaz: hazte socio de Cáritas asignando la cantidad anual que tú desees que inviertan para ayudar en tu nombre a los más desfavorecidos o deja parte de tu herencia (el % que tú desees) a Cáritas o deposita en tu parroquia lo que puntualmente ahora quieras entregar para los pobres. Tienes la certeza de que tu compromiso y solidaridad quedará escrito en el corazón de Dios y que ese dinero que te ha costado tanto sacrificio ganarlo va a llegar íntegro a los destinatarios más pobres de nuestra Diócesis. Con este pequeño gesto, aunque tú creas que no arregla nada, contribuyes a mejorar el mundo.

Para muchos de nuestros vecinos el mañana es ya hoy cuando llaman a las puertas de Cáritas en busca de alimento, vivienda, ropa de abrigo, medicinas, trabajo, dignidad, formación, cariño, ternura, atención psicológica…

¡Ojalá que siempre que llames a las puertas de Cáritas sea para trabajar en alguno de los proyectos o colaborar como voluntario o para aportar tu valioso donativo! Pero si en algún momento necesitases ayuda, ten por seguro que alguien te acogerá con ternura, te escuchará pacientemente y te ayudará como te mereces. Siempre creemos que esto nunca nos puede pasar a nosotros. Incluso nos permitimos el lujo de cuestionar o criticar lo que otros hacen. Creemos que el mundo es un desastre porque «todos van a la suya», excepto yo que «voy a la mía». Y en lugar de comprometernos humildemente en mejorar el mundo lo acabamos convirtiendo en un verdadero «zoo» inhabitable porque todos tratamos de sacar provecho en lugar de aportar lo mejor de uno para humanizar – divinizar la vida de los demás.

El único antídoto que conozco para combatir tanto egoísmo nos lo ofreció Jesús de Nazaret, «sembrándose» (entregando su propia vida) para que brotase de nuevo el amor primero con que fue creado el corazón del hombre. La Iglesia, continuadora de la vida y de la misión del Maestro, deja que Dios fecunde sus entrañas para que se geste en la sociedad «la civilización del amor». A nosotros sus hijos nos toca corresponder con generosidad, siendo cada uno como una oficina de «cáritas ambulante» en nuestro hogar, en nuestros ambientes, en las calles de nuestro pueblo, en nuestras empresas… proveyendo a los que más lo necesitan. Ofreciendo no sólo pan o justicia, sino también cercanía, cariño, ternura, respeto, dignidad… Aunque todo es perfectible, me conmueve descubrir que nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón es una de las más solidarias y generosas con su madre la Iglesia para que siga apostando por tantos, que carecen de tanto. La cara más amable, sobre todo en estos momentos de crisis, sin duda ha sido la acción caritativa, de promoción humana y laboral, de integración y reinserción social, que se viene ofreciendo a través de Caritas, de Manos Unidas, de Obras Misionales, de los grupos y movimientos apostólicos, cofradías, etc. Pero no menos desdeñable es su tarea humanizadora - divinizadora a través de la atención personal y familiar, de la educación y vivencia de la fe, de la celebración de los sacramentos, de la asistencia a los enfermos y ancianos, a los niños, adolescentes y jóvenes…, por medio de tantos sacerdotes, religiosos, catequistas, animadores de la comunidad, profesores de religión, animadores juveniles, etc.

Con tu compromiso y con tu aportación, la Iglesia, es un «valor ecológico» añadido en la humanidad, porque sostiene y alivia a los más desprovistos de lo necesario. Tu ayuda no sólo se multiplica sino que trasciende el tiempo y el espacio. Detrás de cada gesto de solidaridad que tienes logras ensanchar el corazón de muchos que casi habían perdido la esperanza de una vida digna.

Esto es lo que los cristianos celebramos este domingo, solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi) donde Jesucristo Eucaristía se hace don, regalo, alimento que se parte, se reparte y se comparte para saciar el hambre de pan, de justicia, de solidaridad, de fraternidad… También el hambre de Dios, de sentido y plenitud que tiene la humanidad.

Cáritas, que es el rostro más humano de la Iglesia, nos recuerda con la campaña del Día de la Caridad. Gracias por tu generosidad económica y por tu disponibilidad para secundar todos los proyectos que están impulsando en favor de los más desfavorecidos.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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