Jueves, 13 Abril 2017 10:38

Signos y símbolos elocuentes, para adentrarnos en el MISTERIO

Durante estos días los cristianos vamos a celebrar la fiesta más importante del año: la REDENCIÓN obrada por Nuestro Señor Jesucristo. Su GRACIA se va a canalizar a través de unas celebraciones marcadas por unos signos y símbolos muy elocuentes que nos ayudarán a adentrarnos en el gran MISTERIO DEL AMOR que jamás haya vivido la humanidad. Por si os pudiera ayudar a celebrarlas con toda su hondura y profundidad, intentaré evocar algunos de los signos y símbolos más elocuentes:

LOS RAMOS Y CANTOS

El Domingo de Ramos se celebra la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Se inicia con una procesión, cantando y batiendo ramos o palmas como lo hicieran los niños hebreos para proclamar nuestra fe y nuestra adhesión al Señor.

LOS OLEOS Y EL CRISMA

El Jueves Santo (en nuestra Diócesis se anticipa al Martes Santo por la tarde), en la Catedral, el Obispo, acompañado por TODOS los sacerdotes, por los religiosos y por los fieles laicos que colaboran más estrechamente en la tarea evangelizadora de la Diócesis, bendice los óleos y consagra el crisma para la celebración de los sacramentos: el óleo de catecúmenos, para el bautismo; el óleo de enfermos; el crisma, para el bautismo, la confirmación y las ordenaciones. Los óleos son de aceite, y el crisma, mezcla de aceite y bálsamos perfumados, que brotan de Cristo resucitado, simbolizan la dulzura, la belleza, el frescor, la fuerza, la sanación… que obra el Espíritu a través de ellos.

EL LAVATORIO DE LOS PIES

En la Eucaristía vespertina del Jueves Santo imitamos el gesto que hizo Jesús en su cena de despedida, dando a sus discípulos una plástica lección de servicio por parte de quien tiene autoridad en un grupo. Él vino a servir, y no a ser servido. En la cruz se entregó totalmente. Pero antes quiso hacer este gesto simbólico que repiten ahora el papa, los obispos y los párrocos en sus comunidades. Porque ellos deben ser signos vivientes del “Cristo entregado a los demás”.

LA COMUNIÓN

Comer pan y beber vino con los demás miembros de la comunidad es el gesto simbólico central que nos dejó Cristo: lo repetimos en cada Eucaristía. Ese pan es el Cuerpo de Cristo entregado por nosotros. Ese vino es su Sangre derramada por todos. El Señor, ahora Resucitado, nos lo ofrece como alimento para nuestro camino y como signo de unión en la comunidad.

LA CRUZ

El Viernes Santo, después de escuchar el relato de la Pasión, hacemos un gesto muy sencillo y significativo: nos presentan la cruz, cantando una aclamación a Cristo, y nos acercamos uno a uno a adorarla como signo de admiración y gratitud por lo que Jesús hizo por nosotros entregándose a la muerte de cruz y reconciliándonos así con Dios.

EL FUEGO

En la Vigilia Pascual se inicia la celebración en torno a una hoguera de fuego. De ahí se encenderá el CIRIO PASCUAL. Es en la oscuridad de la noche cuando brilla la luz que es Cristo. La Cuaresma empezó con ceniza. Ahora la Pascua empieza con fuego y luz, con agua, con pan y vino… Del Cirio que es símbolo de Cristo, Luz del mundo, vamos encendiendo nuestro cirio. Es un símbolo muy expresivo de que la Pascua de Cristo tiene que ser también Pascua nuestra, y todos estamos llamados a participar de su luz y de su vida.

EL AGUA BAUTISMAL

La noche de Pascua es el mejor momento para celebrar los bautizos o, al menos, para recordar el nuestro. El Bautismo es el sacramento por el que radicalmente nos incorporamos a Cristo, participando de su muerte y resurrección. Por eso se hace expresivamente la aspersión sobre todos y renovamos las promesas bautismales.

EL COLOR BLANCO

Como todos sabemos, los colores tienen un sentido simbólico. En la Cuaresma hemos celebrado vestidos de morado, color serio y austero. En Pentecostés, momento de la donación del Espíritu, que es fuego y amor, celebraremos de rojo. En la Pascua que comienza con la Vigilia del sábado al domingo, se utiliza el color blanco, color de la fiesta, de la alegría, de la pureza pascual.

ALELUYA

Se reestrena solemnemente el ALELUYA en la Vigilia Pascual. No se había escuchado desde el comienzo de la Cuaresma. Se añade el toque de las campanas y del órgano al entornar el Gloria. Se adorna la iglesia con flores más que en cualquier celebración del año.

Aprovecho estas líneas para invitaros a cada uno encarecidamente a que viváis una santa semana. Agradezco a todos los cofrades de nuestra Diócesis su disponibilidad, su entrega y sacrificio, su sensibilidad y su testimonio de vida «inficcionando de amor» (procesionando) todos los rincones de nuestros pueblos, haciendo así visible y actualizando nuestra propia salvación.

Con mi afecto y mi felicitación pascual.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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