Martes, 04 Diciembre 2018 10:44

Tú lo dices, ¡soy REY!

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B - 25 DE NOVIEMBRE. JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Hace mucho tiempo, según nos cuenta James Baldwin, Inglaterra era gobernada por el rey Canuto que, como muchos poderosos del momento, estaba rodeado de aduladores. El rey que era un hombre sensato y coherente quiso darles una lección a sus funcionarios y cortesanos.

—Con que soy el hombre más grande del mundo ¿verdad? — preguntó el monarca.

—Oh rey —exclamaron los más pelotas—, nunca ha habido nadie como tú ni lo habrá jamás.

—¿Y decís que todos me obedecen?

—¡Sí, majestad, replicaron! El mundo se inclina ante ti y te honra.

—Llevadme al mar. dijo el rey.

—¡De inmediato, majestad!

—Poned la silla justo en la orilla.

Canuto se sentó y contempló la marea.

—¿Creéis que se detendrá si se lo ordeno?

Los cortesanos se quedaron desconcertados pero ninguno se atrevió a contradecirle.

—Muy bien, mar —gritó Canuto—, te ordeno que no avances más. ¡Olas, dejad de rodar! ¡Rompiente, deja de golpear! ¡No oses tocarme los pies!

Aguardó un momento en silencio y una ola diminuta subió por la arena hasta llegar a lamerle los pies.

—¿Cómo te atreves? —exclamó Canuto—. ¡Océano, retrocede de inmediato! Te he ordenado que te retires. ¡Retírate!

La marea avanzó como de costumbre. El agua se fue elevando hasta alcanzar la silla real. No sólo le mojó los pies sino también su manto. Sus cortesanos lo miraban alarmados.

—Bien, amigos míos —dijo Canuto—, parece que no tengo tanto poder como queríais hacerme creer. Tal vez convenga que sepáis que sólo hay un REY todopoderoso. Es quien gobierna el mar y quien sostiene el océano en la palma de su mano. Reservad vuestras alabanzas para Aquel que nos creó y nos remidió por amor.

Los funcionarios y cortesanos agacharon la cabeza y se marcharon abochornados.

Jesucristo, es el REY DE REYES, el rey del universo, el principio, el centro y el fin de nuestra historia de salvación. Su Reino no es de este mundo, tampoco es triunfalista. Sirve a la VERDAD.

Los judíos —una vez concluido el proceso religioso ante el Sanedrín— llevaron a Jesús ante Pilato. Se negaron a entrar en el pretorio para no contaminarse. Entrar en casa de un gentil constituía impureza legal. La historia se repite. Con razón Jesús los tildó de hipócritas. Querían mantenerse puros e incontaminados legalmente pero no les importaba tener el corazón y las manos manchadas con la sangre de un inocente. ¡Cuántos aduladores de quienes ostentan cualquier tipo de poder o influencia social se dan también hoy. ¡Cuánto «bozal de arepa»! —sirviéndome de la elocuente expresión venezolana— sigue dándose en nuestra aparente sociedad de las libertades o del bienestar.

Al que sirve a la verdad sólo le queda la CRUZ que dignifica y engrandece a quien la carga y la sufre. Se vuelven a reproducir los mismos errores que antaño se reprochaban. Siento vergüenza ajena de que algunos de los que han sido escogidos como administradores y servidores del pueblo los atropellen con sutilezas y falacias. El reino de Dios no requiere aparato burocrático ni fuerza política para imponer la ley evangélica. El Reino de Dios cuenta con la libertad de los hombres. El amor, la verdad, la justicia y la paz por la vía del servicio espontáneo y no del poder coactivo. Así es el reinado mesiánico de Cristo.

Para Cristo ser rey significa dar testimonio de la VERDAD, es decir, de Dios por oposición a la mentira y los intereses de los que gobiernan. Por eso, todo el que es de la verdad escucha la voz de Jesús. Por eso a tantos no les interesa que nadie sepa la verdad. Y, sin embargo, a los cristianos —a pesar de nuestras posibles miserias— se nos envía al mundo para ser testigos de la VERDAD. Pues sólo la verdad nos hace LIBRES.

La mentira y la manipulación de la verdad son algo tan habitual en el ámbito interpersonal, político, social e informativo que nos parece normal. Sin embargo, nada sólido puede construirse sobre la mentira. Por eso, el reinado de Cristo nos está urgiendo a la sinceridad y a la trasparencia. La justicia es otra dimensión del Reino de la verdad. También todo lo que ella incluye: amor liberador y fraternidad, paz y reconciliación entre los hombres y las clases sociales, derechos humanos y dignidad de las personas.

El señorío de Cristo ha de hacerse presente en el mundo a través de los creyentes y de la comunidad eclesial, no por sus privilegios e influencias sociales sino por el servicio a la verdad y a la justicia, a la fraternidad y a la convivencia en el amor, a la paz y a la liberación integral del hombre. Así será Dios quien reine en las voluntades, en las instancias sociales y en el mundo de los humanos.

 Con mi afecto y mi bendición

 Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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