Lunes, 10 Septiembre 2018 14:09

Un nuevo curso, "pasito a pasito"

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B - 09 DE SEPTIEMBRE

Como cada año, al regresar de la peregrinación de Lourdes, iniciamos el nuevo curso pastoral. Ya han transcurrido casi cuatro años desde mi ordenación episcopal y toma de posesión de la Diócesis. Se me han pasado volando. Doy gracias a Dios porque me ha bendecido copiosamente en cada uno de sus hijos.

Pasito a pasito, hemos ido integrando y afinando algunos de los instrumentos de nuestra «orquesta» diocesana. Os pido perdón a los que involuntariamente no haya sabido atenderos, serviros o corresponderos como os merecíais, necesitabais o esperabais de mí. También por los posibles pecados de aquellos agentes de pastoral (obispo, sacerdotes, consagrados o laicos) que no hayamos sabido estar a la altura del ministerio confiado.

Desde el principio, más allá de mi propia fragilidad, he tenido claro que lo más importante de mi servicio pastoral eran las personas. Mi único propósito ha sido siempre tratar de ayudaros a ser vosotros mismos, consciente de que, tarde o temprano, redescubriríais al Dios que se halla en vuestro corazón. Y podríais ser plenamente dichosos.

Para revitalizar la vida diocesana estamos intentado «vocacionalizar» la Diócesis, esto es, lograr que cada uno de los hijos del Alto Aragón tenga clara conciencia de que forma parte de una única y misma familia. Y que cada uno, aportando al común lo mejor de sí mismo, contribuye al crecimiento de nuestra tierra y de nuestra Diócesis. Con la imagen de «la orquesta» hemos querido visibilizar que esta gran familia de familias está integrada por laicos, que son testigos del Reino en el corazón del mundo; por consagrados, que son imagen de Cristo transfigurado, parábola y anticipo del Reino;  y por ministros ordenados (diáconos, sacerdotes, obispos) que son quienes presiden la comunidad y suscitan todos los carismas (gracias), los armonizan, los forman y los sostienen.

Una de las novedades más significativas en nuestra Diócesis ha sido la constitución del equipo de gobierno, entresacado del Consejo Diocesano de Pastoral, que refleja la representación de estas tres grandes familias, laicos, consagrados, ministros ordenados (Mn. Ángel Noguero, Mn. Juan Ignacio Cardona, Mn. Jaime Clusa, D. Jesús Gracia y Sor Alegría Zarroca) que se reúnen mensualmente con el obispo en el convento de Santa Clara de Monzón y marcan la dirección pastoral de la Diócesis.

Dada la escasez de sacerdotes propios y la elevada media de edad, se ha seguido manteniendo el acuerdo bilateral de colaboración misionera con algunas diócesis hermanas de América Latina que generosamente ofrecen, por un período de tres años, el servicio pastoral de sacerdotes más jóvenes. Pero las vocaciones tienen que nacer de nuestra tierra, en nuestras familias. De lo contrario siempre «estaremos en el aire», como los mendigos, a merced de lo que nos regalen los demás.

Teniendo en cuenta además la despoblación y el envejecimiento de nuestros pueblos se ha intentado simplificar la estructura diocesana, reduciendo a cuatro los arciprestazgos (Sobrarbe - Ribagorza, Somontano, Cinca Medio - La Litera, Bajo Cinca). Se ha tratado de modernizar la gestión de la Curia y ofrecer una total transparencia económica que nos conduzca en unos años a una verdadera autogestión diocesana. Se está impulsado la realidad de los «animadores de la comunidad», constituyendo verdaderos «equipos en misión, para que a cada comunidad, por pequeña que sea, no le falte ni el pan de la Palabra, ni el pan de la Eucaristía, ni el pan de la ternura de Dios.

Los diferentes «delegados de pastoral», en su mayoría laicos acompañados por un sacerdote que hace de consiliario, están logrando revitalizar los distintos ámbitos pastorales (catequesis, enseñanza, pastoral juvenil-vocacional, pastoral de la salud, cofradías, misiones, Cáritas, Manos Unidas, etc.).

La figura del «Arcipreste», coordinador de la acción pastoral y animador de cada agente evangelizador del propio arciprestazgo, está resignificando la visión coral de la acción pastoral de toda la Diócesis. La «baraja de familias» que se ha preparado, significando las cuatro dimensiones de toda acción pastoral, .- testimonio, servicio, celebración y comunión-. visibiliza el anhelo de servicio y de entrega gratuita a los demás: hasta 92 formas diferentes de servir a los demás se han cristalizado hasta ahora.

La catequesis familiar no sólo incentivará la implicación de los laicos sino que visibilizará la responsabilidad ineludible que tiene la familia de educar a sus hijos y, al mismo tiempo, generará en las parroquias grandes verdaderas comunidades de vida, como «microclimas», que ayuden a suscitar, madurar, incrementar y formar la fe de todos.

El litigio abierto con la Diócesis de Lérida, -tan absurdo como estéril-.  nos gustaría que fuese una oportunidad de diálogo y de colaboración entre ambas diócesis y entre comunidades autónomas hermanas ofreciendo una posible «ruta del románico» que, siguiendo el Camino de Santiago francés, ensanchara el alma de nuestro pueblo generando riqueza, cultura y arte y, además, recreara nuestros valores más genuinos y nuestras raíces cristianas.

Poner en «clave de SOL-MISIÓN» nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón está siendo sin duda nuestro desafío más arduo pero también el más fecundo. Con el testimonio de nuestros mártires, y de los santos y fundadores de nuestra tierra,  sabemos que el esfuerzo y el sacrificio de hoy serán semilla de abundantes vocaciones laicales, religiosas y también sacerdotales en esta iglesia diocesana del Alto Aragón.

Esta es la ilusión que nos mueve al iniciar el curso. Si mucho y fecundo ha sido el camino recorrido, todavía es más lo que nos queda por recorrer. Gracias por integraros en nuestra «orquesta» familiar y hacer que suene armónicamente…

Con mi afecto y bendición.

 Ángel Javier Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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