Martes, 04 Diciembre 2018 10:17

Una única y gran familia, tu Diócesis de Barbastro - Monzón

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B - 14 DE OCTUBRE

La Diócesis de Barbastro-Monzón sueña con impulsar una «revolución eclesial» a fuerza de ternura y comunión. Estos hijos del Alto Aragón, con su testimonio de vida, su solicitud y su generosidad, tratan de humanizar-divinizar cada arciprestazgo, cada comunidad parroquial, movimiento o grupo apostólico con el deseo de que la Iglesia se convierta para todos en su verdadero hogar, en casa de acogida, en hospital de campaña donde se puedan sanar las heridas, compartir, no sólo dinero, sino también la vida, el tiempo, las capacidades, las habilidades, los sentimientos, las emociones…que cada uno tiene.

El secreto es que muchos pocos hacen más que pocos muchos. Cada día se va incrementando el número de personas que se suman a esta corriente transformadora de la sociedad en nuestra Diócesis constituyéndose en verdaderos «apóstoles de calle», esto es,  en hombres y mujeres que pasan por la vida haciendo el bien, amando a los demás, contagiando su alegría interior, siendo bálsamo y caricia de Dios para cuantos tienen su corazón herido, roto, vacío…

Con su compromiso y su aportación económica, nada desdeñable:

.- por medio de donativos puntuales (por ejemplo a través del portal de internet: www.donoamiiglesia.es);

.- o por medio de suscripciones mensuales, trimestrales o anuales (por ejemplo a través de la cuenta del obispado: ES42 0049 2346 13 2794044382);  

.- o por medio de herencias, legados (por ejemplo a través del testamento registrado en la notaría); etc.

se convierten además en un «valor ecológico» añadido porque sostienen y alivian a los más desprovistos de lo necesario. Su ayuda no sólo se multiplica sino que trasciende el tiempo y el espacio. Detrás de cada gesto de solidaridad logran ensanchar el corazón de muchos que casi habían perdido la esperanza de una vida digna. Tienen la certeza de que su compromiso y solidaridad, además de quedar escrito en el corazón de Dios, convertida en ese dinero que les ha costado tanto sacrificio ganar, va a llegar íntegro a los destinatarios más pobres de nuestra Diócesis. Con este pequeño gesto, aunque pueda parecer que no se arregle nada, se contribuye eficazmente a mejorar no sólo el mundo sino también nuestra Diócesis.

Como próximamente, el 11 de noviembre, celebraremos el día de la Iglesia Diocesana, termino con una anécdota que ratifica mi convicción de que Dios no nos pide cosas extraordinarias sino que hagamos las cosas ordinarias de forma sublime.

Durante los años en los que trabajé en la Conferencia Episcopal Española descubrí en Madrid varios bares que invitaban a un café, que previamente un cliente había dejado pagado, para los inmigrantes, transeúntes o personas necesitadas. ¡¿Y si nosotros, para atender las necesidades reales de la Diócesis, dejásemos simbólicamente pagado en la cuenta del obispado un «menú» al mes (15,67 € x 12 = 200 €) como donativo?! A esta cantidad, si le aplicamos la desgravación autorizada mediante el recibo correspondiente, sólo quedaría en 35 € al año. Perdonad mi osadía. Si me atrevo a proponéroslo es porque no va a ser para mí y redundará en beneficio de todos. Esto, además, nos permitiría ser más libres y coherentes a la hora de atender las necesidades reales que detectemos sin tener que estar a merced de los criterios aleatorios que establecen en cada momento las instituciones públicas. Además de poder soñar con la anhelada autofinanciación de la Diócesis como sucede ya en otros lugares gracias a la colaboración generosa de todos.

Ojalá logremos devolver la dignidad que Dios otorgó a todas las personas y hagamos florecer un mundo más libre, fraterno y solidario. Esto es lo realmente audaz, moderno y fascinante: hacer de la Iglesia tu verdadera familia, una iglesia doméstica, fuente y escuela de fraternidad.

¡Cuando hay tanto por hacer… no podemos perdernos en «nimiedades»!

Gracias, de corazón, por vuestro inestimable apoyo y colaboración. Cuento contigo para lograr esa única y gran familia, tu Diócesis, Barbastro-Monzón.

Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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