Domingo 33º del tiempo ordinario. 2017

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."» Palabra del Señor

Celebramos hoy el Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario y la palabra del Señor quiere que pensemos a cerca de lo que estamos haciendo con nuestra vida.

Jesús se encontró con muchas personas que no le estaban dando pleno sentido a la vida, cada uno se enterraba en su propio mundo sin abrirse a los demás; algunos se dedicaban únicamente al crecimiento de sus cosas materiales, otros a la vivencia escrupulosa de su religión, otros a sobrellevar sus enfermedades y muchos otros a juzgar y criticar a los demás, pero pocas personas estaban angustiadas por poner todas sus capacidades y talentos al servicio de los demás.

La parábola que hemos escuchado nos deja claro que todos sin excepción, hemos recibido un sinfín de talentos desde el mismo momento de nuestra concepción. Dios y la propia naturaleza, nos han dotado a todos de tantas capacidades que a ningún ser humano, le alcanza la vida, por muchos años que acumule, para poner en funcionamiento todo el potencial que tiene.

Todos esos talentos que llevamos dentro son una inmensa riqueza, que no tiene precio, pues son infinitos, los hemos recibido gratuitamente de nuestro Padre, que sabemos que no se deja ganar en generosidad, pero es muy importante que no olvidemos que todas esas capacidades tienen un objetivo bien claro: servir a los demás.

Es un grave error, pensar que  todas las capacidades que tenemos están destinadas a nuestro propio egoísmo, eso es lo que está llevando a la sociedad actual a la competencia sin sentido de ser: el más guapo, el más, rico, el más famoso, el más poderoso y en resumen a sentirse un dios y no un ser humano, por ese camino solo se llega a ser el más inútil y el más miserable.

Jesús no vino para enterrar sus propios talentos, ni para adornase con ellos, si hubiera tomado ese camino, su venida hubiera sido inútil y seguramente lo recordaríamos hoy como a uno de tantos personajes que han pasado por el mundo mostrando opulencia, pero que no han sido capaces de darle sentido a su propia vida y mucho menos han logrado ser el camino, la verdad y la vida que hace posible la plena realización de los seres humanos. Jesús sí que lo logró, él tenía claro que vino a este mundo no para que le sirvieran, sino para servir, llegando a dar su propia vida por la salvación de todos.

Los seguidores de Jesús estamos llenos de talentos, similares a los de él, pero si no los ponemos al servicio de los demás, se van muriendo y poco a poco nos vamos convirtiendo en seres inútiles, que no se nos ocurre hacer nada para el servicio de nuestros hermanos. Algunas veces nos conformamos con decir que no hacemos mal a nadie, que no matamos ni robamos, pero olvidamos que eso mismo fue lo que le pasó al empleado negligente y holgazán de nuestra parábola, enterró el talento, enterró su propia vida y no se le ocurrió servir a nadie. No dejemos que se acaben los días de nuestra vida sin poner todo lo que somos al servicio de los demás. Dios nos ha creado para servir. Rafael Duarte Ortiz

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